Japón contraataca

Cuando entró en vigor el acuerdo de Asociación Económica entre los dos países, el comercio aumentó

Adolfo_Laborde
Adolfo Laborde / La Nao de China / Heraldo de México

 

Desde que comenzó la actual administración, se ha notado un cambio con respecto a la relación con nuestros socios en Asia. Además del multicitado caso de China como una oportunidad real para nuestras diversificaciones, hay otro país que está echando toda la carne al asador: Japón. Prueba de ello fue la visita, del 10 al 17 de febrero, de un nutrido grupo de empresarios —más de 60— pertenecientes a la Cámara de Comercio e Industria de Japón (JCCI).

La misión, además de reunirse con el canciller Marcelo Ebrard, asistió a un foro de negocios impulsado por la Secretaría de Economía (SE) de México, JETRO (Japan External Trade Organization) y COMCE (Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior) en donde se destacó la cooperación comercial entre México y Japón en el marco del Acuerdo de Asociación Económica bilateral y del Tratado Integral Progresista de la Asociación Transpacífico (CPTPP).

De acuerdo con la cancillería, la visita tendría como objetivo, además de la promoción comercial en los dos esquemas comerciales mencionados en líneas anteriores, difundir de manera coordinada las oportunidades que ofrece México para ampliar las cadenas de valor.

Detrás de las cadenas de valor, que no es otra cosa que las actividades conjuntas que ocurren conforme un producto se desplaza a partir de ser materia prima, a través de la producción hasta su distribución final (Daniels, Radebaugh y Sullivan, 2013), hay una infinidad de procesos que en materia de política pública se deben considerar.

A esto, Michael Porter (2008), lo llama clúster o sea concentraciones geográficas de empresas e instituciones interconectadas que actúan en determinado campo. La visita, naturalmente se tiene que entender en el contexto de los esfuerzos de diversificación comercial de nuestro país, pero además, debemos ubicarla en la coyuntura del proceso de ratificación por los congresos de Canadá, EU y México del T-MEC y los efectos del cambio de la naturaleza del nuevo acuerdo para las empresas globales establecidas en el país.

Los japoneses no dan paso sin huarache, es decir, lo anterior y el cambio que experimenta México en su organización administrativa en las SE y SRE preocupa al empresariado nipón, que tiene grandes intereses comerciales y financieros en México. Desde el 1 de abril de 2005, cuando entró en vigor el acuerdo de Asociación Económica entre los dos países, el comercio aumentó alcanzando alrededor de 22 mmdd anuales (SRE, 2019).

Las inversiones japonesas en México para 2017 fueron de alrededor de 1,201 mdd (JETRO, 2018). No es fortuito que, en la Ciudad de México, al igual que en estados como Guanajuato, Aguascalientes, Nuevo León, Querétaro, Jalisco, Baja California, San Luis Potosí, Chihuahua, Coahuila, se incremente cada día el número de compañías japonesas (Campos, 2018). Ojalá y que estos esfuerzos no sólo promuevan la migración de estas empresas a México —muchas de ellas Pymes japonesas—, sino que la incorporación de empresas mexicanas a estas cadenas de valor.

En ello, la política industrial que adopte el país en los próximos años jugará un papel fundamental. De eso no me queda la menor duda.

 

*Analista internacionalista

[email protected]

 @adolfolaborde71

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