Jana Beris: Netanyahu y Gantz hacen historia

A Netanyahu lo llaman sus seguidores el mago. A juzgar por los resultados, vuelve a merecer el título. Pero también a Gantz habrá que buscarle su propio sobrenombre

Héctor Villegas Sandoval / Columna Invitada
Héctor Villegas Sandoval / Columna Invitada

En Israel se vivieron este martes de noche y miércoles de madrugada horas de tensión y drama, al ir avanzando las horas tras el cierre de los colegios electorales en todo el país. La noche comenzó con los informes de boca de urna señalando que el jefe del partido Kajol Lavan, Beni Gantz, que desafió al primer ministro Benjamin Netanyahu, encabezaba el mayor partido del país. Si bien su discurso de victoria fue prematuro –ya que lo clave es el tamaño del bloque para formar coalición, no sólo del partido principal– sin duda tenía razones para festejar.

Pero pocas horas después, con el escrutinio real de casi 64% de los votos, a la cabeza de la lista iba el Likud, de Netanyahu. Y el bloque de derecha aventajaba al centro izquierda por varios escaños.

A Netanyahu lo llaman sus seguidores, a menudo, hakosém, que significa el mago. A juzgar por los resultados ya publicados hasta el momento, vuelve a merecer el título. Pero también a Gantz habrá que buscarle un título apropiado, ya que en tan sólo dos meses, Gantz irrumpió como un meteoro en la política israelí y se convirtió, si no en el jefe del partido más grande, sí en el del segundo, recibiendo el voto de centenares de miles de israelíes, porque inspiró esperanza en un cambio. El haber llegado donde está hoy, viniendo sin ninguna experiencia en política partidaria, habiendo sido su principal cargo público la Comandancia en Jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel, es evidente que Beni Gantz ha mostrado un margen de maniobra y un carisma que merecen ser destacados.

Gantz logró entusiasmar, irradiar energía y seguridad. Y parece que había muchos necesitándolo.

Pero en Israel se necesita coalición para gobernar. Y lo determinante es, por lo tanto, la cantidad de diputados que se puede reclutar para apoyar tal o cual opción de coalición. En este sentido, la primacía del sector conservador es más evidente que nunca. A menos que algo cambie tajantemente al finalizar el escrutinio, lo cual en este momento no parece muy factible. Si bien en principio Kajol Lavan y el actual partido de gobierno, el Likud, podrían formar un gobierno de unidad nacional –siempre y cuando Netanyahu se retire–, hoy este no parece un escenario factible. Netanyahu ya aclaró que hará coalición con nuestros aliados naturales y que será un gobierno de derecha. Pero aquí agregó un mensaje distinto del tono divisivo de su campaña: Seré el primer ministro de todos, de los que me votaron y los que no, de los judíos y quienes no lo son, porque el país es de todos. Pero más allá de discusiones políticas para un lado y para otro, el hecho es que en Israel se cumplió nuevamente una jornada electoral con alguna irregularidad, pero sin violencia, en la que todo aquel que quería disfrutar de su derecho a voto, lo podía hacer sin temor.

Sin que nadie pregunte si uno es judío o árabe. Sin que nadie pregunte a quién decide votar. O de dónde viene, ni qué piensa del gobierno o de Netanyahu. Como debe ser en democracia. El 61.3% de la ciudadanía votó e influyó así a forjar su destino. Quienes concuerdan con el gobierno y quienes lo condenan. Todos volvieron a confirmarla singularidad del mosaico democrático de Israel.

*Periodista

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónBueno / Malo / Feo

Bueno, malo y feo