ITAM

Las historias particulares, ventiladas en redes sociales, deben abrir un espacio de autocrítica

Javier García Bejos / Colaborador / Columna Invitada

No creo en las casualidades. Cada generación construye sus caminos. El presente es producto de todos los sucesos en el pasado y el futuro por tanto es una aspiración, la más genuina que tenemos los soñadores que pensamos que el mañana será mejor.

Los jóvenes de hoy viven en un estado de estrés, debido a muchas causas; quizás la más importante es el fenómeno de la conectividad y las frustraciones que genera la relativa cercanía de universos paralelos. Todo mundo quiere hacer de su vida la suma de lo mejor de la vida de los demás.

Cuando esa vida pierde rumbo, la depresión aparece, siendo un tema de salud pública fundamental. Los lamentables suicidios de jóvenes, y me refiero particularmente al de Fernanda, alumna del ITAM, despertó todo un debate sobre profesores, materias, exámenes y la presión que sienten los alumnos. Para mí, todo esto despertó un sentimiento poco visto en el ITAM, el sentido de comunidad; de repente, las voces de los alumnos se alzaron y fueron escuchadas.

En ese camino, los temas de salud mental y los meramente académicos deben ser separados; los alumnos que sienten frustración deben ser atendidos, pero si algo deben reconocer ellos mismos es que entramos a estudiar al ITAM movidos por el sentido de excelencia de sus programas y profesores.

Las historias particulares, ventiladas en redes sociales, deben abrir un espacio de autocrítica en la universidad, y ciertamente han causado una reacción para atender las iniciativas estudiantiles. Sin duda, se debe abordar el manejo de la presión que existe en cualquier institución que hace de la excelencia un diferenciador fundamental.

El ITAM debe mantener la formación profesional de excelencia, y en sus pasillos y aulas se debe seguir alentando el debate que ha aportado tanto a nuestro país. Las ideas que transforman permanentemente la tecnología y las instituciones humanas, exigen que en México sigamos abriendo espacios en donde los jóvenes tengan a su disposición la fuerza de la investigación y el análisis; estamos en un momento crítico para que la universidad redefina su papel público como una sede en donde técnica y valores humanos universales son igualmente apreciados.

En el mañana que queremos ningún talento debe ser abandonado, por lo que necesitamos mayor sensibilidad para comprender circunstancias como las que ahora han hecho a los estudiantes alzar la voz.

La lección nos deja una tarea permanente: debemos aprender a entender la frustración de otros, no ser indiferentes a ella y actuar para evitar historias lamentables.

Al mismo tiempo, debemos seguir pensando cómo preparar mexicanos de excelencia, capaces de luchar por el futuro con visión e inspirados por lo mucho que nos falta por hacer. Estoy seguro que en esta tarea, profesores, alumnos, directivos y exalumnos volveremos a demostrar por qué somos una comunidad plena y capaz de ver hacia adelante, corregir y seguir caminando.

POR JAVIER GARCÍA BEJOS

COLABORADOR

@JGARCIABEJOS

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