Israel López: Una paz que se cocina a fuego lento

El punto que posiblemente sea el más complicado, es si a los cárteles de la droga les interesa tener un diálogo

Israel López: Una paz que se cocina a fuego lento

Un referente para México. El próximo 19 de noviembre se cumplirán seis años de que iniciaron las últimas negociaciones de paz que lograron un acuerdo entre Colombia y la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Según varias definiciones, un proceso de paz es un esfuerzo para lograr un acuerdo que ponga fin a la violencia, así como para implementarlo, mediante negociaciones que pueden requerir la mediación de terceros.

El virtual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, hizo campaña prometiendo amnistía a quienes se han visto obligados a delinquir por sus condiciones de pobreza, incluso no descartó la posibilidad de ofrecérsela a los líderes del narco, y con ello alcanzar la tan ansiada paz en territorio nacional. Pero a diferencia de Colombia que tenía a las FARC como la parte antagónica, el nuevo gobierno en México tendría que dar una especie de validez a los grupos del narcotráfico y a su estructura jerárquica para tener una parte negociadora.

La propuesta del nuevo gobierno considera la amnistía, el indulto y un mecanismo de justicia transicional –que refiere a la rendición de cuentas y reparación para las víctimas–, como plan de partida para poder negociar un acuerdo de paz.

Pero el punto que posiblemente sea el más complicado, es si a los cárteles de la droga (seis según la DEA, y nueve según el gobierno mexicano), o incluso quienes trabajan para ellos, les interesa tener un diálogo, pues las ganancias en la ilegalidad son exorbitantes.

Según el Inegi y el Sistema Nacional de Seguridad Pública en México, se han registrado 234 mil homicidios dolosos en los últimos 11 años en el país. La guerra con las FARC le costó a Colombia más de 220 mil vidas en más de medio siglo de lucha.

Mike Vigil, exjefe de Operaciones Internacionales de la DEA, destacó a InSight Crime que López Obrador tendrá que reconstruir por completo el sistema de justicia, porque en este momento se encuentra muy débil, como parte del proceso para alcanzar la paz.

Hoy la exguerrilla, convertida en partido político con 10 asientos en el Congreso, tiene por delante una larga lucha para ser aceptada en la sociedad colombiana como una opción política. Durante 50 años fue el azote de esa nación que se resiste a aceptarla.

Su modus operandi iba desde atentados en zonas urbanas y a infraestructura, secuestros (como el de Íngrid Betancourt), violaciones, hasta el trasiego y cultivo de droga.

Después de casi cuatro años, el 24 de agosto de 2016, el gobierno de Colombia y las FARC lograron un acuerdo de paz, pero hay que hacer  hincapié en que la guerrilla firmó ese pacto cuando estaba sensiblemente disminuida.

Los líderes históricos de las FARC –como Tirofijo– habían muerto y la desbandada era muy significativa: sólo registraba seis mil miembros cuando tuvo más de 20 mil.

En el caso de nuestro país, será clave el trabajo conjunto en materia de seguridad con Estados Unidos. Muchos de los líderes de los cárteles son reclamados por el vecino del norte. ¿A ellos qué garantías les ofrecería una amnistía? .

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