Invertir: para que no pase nada

En promedio, la mayor parte del resto del mundo invierte cuatro veces más en sus fuerzas armadas

Iñigo Guevara / Analista / Heraldo de México
Iñigo Guevara / Analista / Heraldo de México

 

Recientemente comenzó a circular un comercial en televisión de un país europeo que está comprando nuevos aviones de combate de última generación –52 de ellos–, nuevos submarinos avanzados y aviones de patrulla marítima; el comercial pregunta a su audiencia ¿Por qué creen que invertimos tanto en Defensa? ¿Por qué entrenamos a la mejor parte de nuestra juventud para pelear día a día, poniéndolos en riesgo? ¿Por qué somos miembros de la OTAN, la alianza militar más grande del mundo? ¿Qué queremos –como nación– que suceda al invertir esta gran cantidad de recursos? …la respuesta es sencilla: no queremos que pase nada, absolutamente nada.

Las Fuerzas Armadas mexicanas recibirán un presupuesto conjunto de 125 mil millones de pesos este año, eso es equivalente a 6.3 mil millones de dólares.  ¿Suena como mucho, no? En realidad, no lo es.  Representa 0.57% del Producto Interno Bruto. Para tener una mejor idea, la inversión militar a nivel mundial en 2018 fue de 1,740 miles de millones de dólares (eso si es mucho) lo que es equivalente al 1.98% del PIB mundial… Eso quiere decir que, en promedio, la mayor parte del resto del mundo invierte cuatro veces más en sus fuerzas armadas.

La cifra mundial no contempla la inversión que hacen los países en sus fuerzas de seguridad interior o policías nacionales –como se tiene planeado emplear a la reformada Guardia Nacional, es decir, se enfocan principalmente a las funciones de Defensa. Por lo tanto, deberá contemplarse presupuesto adicional si no es que se quiere reducir aún más las capacidades de Defensa del Estado Mexicano.

Hablando de Defensa, he escuchado muchas veces la frase México no tiene enemigos externos, por eso no necesita invertir en Defensauhm, coincido con que México no tiene enemigos estatales externos, pero eso no quiere decir que no tenga amenazas externas. Esas sí que existen y se están multiplicando. Van desde megapandillas cuya huella abarca de Centroamérica a Canadá, a flotas marítimas privadas que extraen todo tipo de recursos nacionales fuera del alcance de nuestros buques y que compran y venden mercancía ilegal en altamar –incluyendo petróleo y otros combustibles–, hasta organizaciones criminales altamente sofisticadas que llevan a cabo operaciones cibernéticas diarias para intentar penetrar los flujos financieros e informáticos nacionales. El ciberespacio es el sector de crecimiento delictivo más rápido a nivel mundial.

Los 125 mil millones para las Fuerzas Armadas mexicanas (nuestro 0.57%) deberá incluir recursos para continuar actualizando la flota de buques de patrulla oceánica y costera que son construidos en astilleros nacionales, deberá de incluir el necesario reemplazo constante de miles de vehículos militares, la producción de armamento individual –la mayoría de los cuales también se fabrica en el país y deberá de incluir también la compra –al extranjero– de radares, aviones y helicópteros de transporte y vigilancia, artillería de campo y antiaérea, equipo cibernético, sistemas de comunicaciones, satélites y etc., etc., etc…  pero no sólo eso, el presupuesto para las Fuerzas Armadas ahora deberá contemplar reclutar, entrenar y equipar a los 50 mil efectivos de la Guardia Nacional. Ojo, no hay que olvidar que también existe la Policía Federal, con sus 43 mil elementos y que incluye la División de la Gendarmería Nacional.

Esto no es un fenómeno nuevo y por supuesto no es exclusivo de la administración actual, es una tendencia que viene arrastrando desde hace por lo menos tres décadas y actualmente vivimos las consecuencias de ello. Si la administración busca obtener resultados significativos –una transformación real– deberá reagendar el presupuesto para darle a la seguridad y Defensa, la atención presupuestal que merece. Si bien sería incoherente e incosteable incrementar el presupuesto para las Fuerzas Armadas (y Guardia Nacional) en 280% de un año al otro, valdría la pena comenzar a planear un crecimiento presupuestal que tenga como meta acercarse más a la realidad durante la siguiente década.

Este incremento –aún relativamente conservador– permitirá contar con los recursos necesarios para ampliar el pie de fuerza tanto del Ejército, Armada, Fuerza Aérea, así como de la Guardia Nacional y dotarlos del equipo, tecnología, infraestructura y entrenamiento necesarios para que cumplan con sus misiones.

México ha invertido muy poco en sus fuerzas de seguridad             –no sólo en las Fuerzas Armadas– a lo largo de los años y como consecuencia tenemos el estado actual de la capacidad de respuesta del Estado. México debe invertir ahora, precisamente para que en el futuro no pase nada.

 

*Consultor de la compañía Jane’s, basada en Washington DC 

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