Intenciones y tentaciones

La impunidad ha sido el marco de toda la violencia que ha sacudido al país en las últimas dos décadas

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

En la era de la violencia que desangra al país, el protagonista principal es la impunidad, la raíz o la fuente de la cual brota toda la podredumbre que arrastra un río de feminicidios, miles de muertes, mujeres violentadas, niños huérfanos, desapariciones y muertes por venganza, o para desplazar al otro, o para cobrar una cuenta pendiente, o porque sí, porque matar es posible, y escapar a la justicia, también.

La impunidad ha sido el marco de toda la violencia que ha sacudido al país en las últimas dos décadas. La voz de José Alfredo mutó en realidad y en México la vida no vale nada, porque matar se ha vuelto rutina y escapar de la justicia es más posible que nunca.

Recuerdo la desaparición del hijo de un amigo de mi padre, en los años 80. Yo tenía 12 años y no olvido los días de miedo y ansiedad, las llamadas incesantes, la incertidumbre y finalmente la tragedia cuando el cuerpo flotó en el río de los Remedios.

La familia estaba devastada por el asesinato de un hijo de veintitantos años. Nadie entendía nada, no existía la razón, todo resultaba inexplicable; pero el dolor, la rabia y la impotencia que deben sentir los familiares de las víctimas no era entonces extendido ni común.

Algo grave debió suceder en la sociedad para que el golpe violento a una familia se multiplicara por cientos de miles y se extendiera a regiones y estados insospechados, donde hasta hace unos años un solo crimen bastaba para sacudir y alarmar a la sociedad; sitios históricos y con una atmósfera de tranquilidad campirana como Guanajuato, en estos días convertidos en lo opuesto al lugar apacible, tranquilo y seguro de aquellos años.

¿Qué papel jugó la impunidad política en la explosión de la impunidad en las calles?

No podemos saberlo, pero en la memoria de los ciudadanos debieron permanecer todos los saqueos y episodios de escandalosa corrupción no castigados, que como piezas caían conforme se sucedían los gobiernos del régimen priista y los que surgieron del amorío PRI-PAN.

El primero es Alemán, el presidente que institucionalizó la corrupción, y después todos los que uno desee nombrar: Díaz Ordaz, López Portillo, Salinas, Fox, Calderón y el papá de todos en cuanto a trampas, triquiñuelas y vueltas a la ley y al erario: Enrique Peña.

Por todas esas razones, una lucha frontal a la impunidad, empezando por la de carácter político, es una de las expectativas más altas de los ciudadanos ante el nuevo gobierno.

El conflicto del juez que revisará las acusaciones contra la ex secretaria Rosario Robles, un sobrino de Dolores Padierna, no es un buen signo.

¿Por qué no se excusó y ventiló la existencia de un conflicto de interés para que un órgano superior decidiera si lleva el caso?

Es una pena que el primer gran golpe contra la impunidad política ocurra con un desaseo que rememora los excesos de antaño.

POR WILBERT TORRE
[email protected] 
@WILBERTTORRE

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