Instrumento habilitador

Lo trascendente para efectos prácticos está en que el régimen constitucional resuelva situaciones y problemas de “la vida”

Enrique_Quiroz_Acosta
Enrique Quiroz Acosta / Abogado / El Heraldo de México

Todo lo que incumbe a la vida social debe implicar coherencia. Para dar certidumbre, para que haya respeto, solvencia en la resolución de los conflictos, distención en los diferendos que evita colisión, que permite las coincidencias y que en paz sea posible la convivencia y desarrollo en lo individual y lo colectivo. Por todo ello existe el Estado de Derecho, otorga coherencia en un sistema social.

Es el más importante instrumento de vida en comunidad de los últimos siglos en el mundo occidental. La coherencia jurídica, nos enseña Kelsen, se manifiesta en jerarquía y unidad. Justamente aprendimos y si, en efecto, lo vivimos en el mundo occidental y mediante ya siglos de evolución política no sólo se decanta la técnica y se esgrimen teorías justificativas de nuestro proceder, sino que también se actualizan criterios acerca de los contenidos de nuestras normas supremas.

Ahora bien, Norma Suprema implica, sin duda, respeto y valores sociales defendidos y encuadrados con metodología en un sistema racional de normas sociales de la conducta que son, a la vez, limite e instrumento de la autoridad y, simultáneamente, defensa de los individuos y de la sociedad.

Hoy la connotación es amplia y multivoca del concepto constitución. Nos clarifica Karl Schmitt. Constitución es en abstracto: deber ser y ser de la sociedad a la vez; documento legal supremo; decisiones político-jurídicas fundamentales y, también, ideales de una nación.

Todo ello es la construcción teórica pero lo verdaderamente trascendente para efectos prácticos está en que el régimen constitucional resuelva situaciones y problemas de la vida del ser humano y todo ello no sería factible sin estabilidad. Resolver para la vida desde la Constitución significa que la Constitución contenga principios sí, pero sobre todo, se trata de nuestras normas habilitadoras.

Es decir, normas a partir de las cuales los poderes constituidos estén en posibilidad de actuar en función de los problemas y situaciones que se presenten y de ahí los seres humanos estemos en aptitud de actuar. Todo lo anterior nos lleva a los profesionales del Derecho, desde cualquier trinchera a pugnar porque en la Carta Magna se ubiquen las grandes líneas que permitan los mecanismos para actuar en todo el andamiaje legislativo y reglamentario, así como el administrativo.

El texto constitucional no puede resolver todos los asuntos ni está en posibilidad de detallar todos los mecanismos de actuación que desdoblen ideas y principios. Existen ocasiones en que, ante una reforma constitucional, por pretender ubicar los detalles reglamentarios y específicos en la Norma Suprema —la reforma a la Constitución requiere de la votación de las dos terceras partes en ambas cámaras y la aprobación de la mayoría de las legislaturas de los Estados— no se logra aprobar la propia reforma y esto impide la evolución y trámite de los grandes temas.

Hoy, existen varios partidos políticos representados en las cámaras, por lo que para alcanzar los acuerdos necesarios y lograr los grandes cambios se requiere flexibilidad y sensatez. Es atinado Adolfo López Mateos; Nuestra Constitución es nuestra bandera pero también debe ser nuestro instrumento que dé viabilidad a todo el entramado social y esa viabilidad sólo se logra con ánimo político de concertación y ubicuidad para alcanzar los acuerdos. Todo ello es elemental, pero también fundamental.

 

Por ENRIQUE QUIROZ ACOSTA 

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