Desfile militar 2017: el cambio de formato

Tradicionalmente los contingentes del Ejército, Fuerza Aérea y Armada desfilaban en fases definidas; esta ocasión cambió el formato y desfilaron intercalados


El desfile militar de 2017 mostró a unas fuerzas armadas en pleno periodo de modernización, tanto en equipo como en doctrina, haciendo énfasis en un logro muy difícil de notar: integración operativa.  Es interesante analizar cómo los contingentes del desfile estuvieron organizados de acuerdo con  tres grandes misiones: seguridad interior, defensa exterior y apoyo a la población civil y no con base en su pertenencia institucional.

El contingente de seguridad interior estuvo dividido en fuerzas de seguridad pública, compuesto por la Policía Federal y las fuerzas de apoyo a la seguridad pública, compuesto por la Policía Militar.  Esta diferencia de misiones marca la necesidad de especificar funciones separadas pero complementarias.

La Policía Militar ha venido creciendo de una manera significativa. Se han creado cinco brigadas en lo que va del sexenio, que se unieron a las tres existentes y se tiene planeado concluir la administración con 12 brigadas, una por cada región militar.  Cada brigada cuenta con tres batallones de infantería y uno de operaciones especiales, por lo que habrá un mínimo de 36 mil policías militares dedicados al apoyo a la seguridad pública.  De acuerdo con la SEDENA, hay un promedio de 51 mil  efectivos destinados a actividades de apoyo a la seguridad pública en la actualidad.

La seguridad interior tiene varias dimensiones, algunas de las cuales son acatables por fuerzas militares, por lo menos en el contexto actual.  Ésta es una tendencia que estamos viendo alrededor del mundo, con fuerzas militares que diseñan unidades específicas para llevar a cabo operaciones como reacción inmediata, presencia de disuasión en puntos neurálgicos, contraterrorismo, erradicación de enervantes, intercepción, protección de instalaciones críticas y vigilancia aérea.

Éstas son misiones que no reemplazan a la autoridad policial y en ningún momento tienen autoridad de arresto sobre la población civil.  Para permitir que la participación de las Fuerzas Armadas se redujera en este espacio sería necesario impulsar significativamente la expansión y fortalecimiento de la Gendarmería Nacional de la Policía Federal, pero aun así, no podría -ni debería- reemplazar todas las actividades militares de seguridad interior.

El contingente de labores de apoyo a la población civil en situaciones de riesgo desfiló de una manera mermada, pues por lo menos 3 mil efectivos fueron destinados a Chiapas y Oaxaca precisamente a implementar dicha misión.  El contingente de aviación de carga y transporte, compuesta por aviones  Boeing 737, C-130K-30 Hercules, C295M/W y C-27J Spartan también estuvo ausente pues los aviones fueron afortunadamente reasignados para apoyar las operaciones DN-III-E en el sureste mexicano.

Cabe mencionar que todos estos modelos son de reciente adquisición,  han sido modernizados. Los tres Boeing 737 y dos C295W fueron adquiridos en la presente administración de EU y España, mientras que los seis C295M y cuatro C-27J fueron adquiridos de España e Italia en el sexenio anterior.  Los dos C-130K-30 son modelos construidos en los años sesenta originalmente para la Real Fuerza Aérea inglesa que fueron sometidos a un profundo proceso de modernización en Canadá recientemente. Será relevante evaluar si los medios aéreos existentes son suficientes para los requerimientos de transporte militar y de apoyo a la población civil a nivel nacional.

En cuestión de defensa exterior, las capacidades de las Fuerzas Armadas mexicanas son mucho más limitadas pues obedecen a un nivel de amenaza relativamente bajo.  Eso, sin embargo, no quiere decir que deban ser olvidados.  Los inventarios de artillería y de blindados no han variado de forma sustancial en los últimos 35 años, si y aunque se les han realizado algunas mejoras, en conjunto constituyen un parque sumamente heterogéneo y desfasado. Si bien hay algunos proyectos para adquirir una nueva generación de blindados y de artillería ligera, no han recibido la atención presupuestaria necesaria.

Vale la pena notar la total ausencia de los aviones supersónicos F-5 Tigres.  La silueta del F-5 ha sido un icono de la Fuerza Aérea Mexicana durante 35 años, pero su ausencia parece indicar que se encuentran en un estado operativo bajo y que serán desactivados próximamente.  El F-5 ya no es un avión de combate avanzado. En realidad, nunca lo fue, pero provee desde 1982 de una capacidad de defensa área mínima y suficiente. Perder esa capacidad de defensa por lo mínima que sea la percepción de la amenaza, sería una gran irresponsabilidad.

En resumen, el desfile militar es una actividad que muestra al pueblo de México el estado de sus Fuerzas Armadas. Definitivamente el avance en los últimos 10 años es notorio, tanto en equipamiento como en mentalidad.  Tradicionalmente los contingentes del Ejército, Fuerza Aérea y Armada –y a los que recientemente se les unión la Policía Federal- desfilaban en fases muy bien definidas;  en esta ocasión cambió el formato y desfilaron intercalados, con lo que se pretende demostrar el mayor nivel de integración que han logrado en los últimos años.  Este nivel de integración ha sido posible gracias a una muy buena química e interlocución por parte de sus titulares. Sin embargo, para que continúe y prospere, debe de cimentarse en mecanismos interinstitucionales sólidos, impermeables a los cambios sexenales.

 

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