Infraestructura Social

Para vencer carencias y pobreza, el único camino definitivo es la generación de empleo formal

Javier García Bejos / El Heraldo de México
Javier García Bejos / El Heraldo de México

En las últimas semanas se ha puesto sobre la mesa el dilema de construir o no el Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco. Contra la opción de mantener la propuesta actual, se ha planteado sustituirlo e impulsar la alternativa de Santa Lucía, sumada a la renovación del actual Benito Juárez y el uso del Aeropuerto Internacional de Toluca.

Más allá de criterios técnicos y aeronáuticos, me gustaría señalar algunas consideraciones sociales que me parecen pertinentes.

El enclave del nuevo aeropuerto en construcción representa, quizás, la única posibilidad de desarrollo para el oriente del Estado de México y de la capital, en donde por años, millones han vivido en los alrededores esperando oportunidades para crecer.

Nezahualcóyotl, Ecatepec, Chalco y el mismo Texcoco, con cerca de cuatro millones de personas entre ellos, junto con Chimalhuacán, Atenco e Iztapalapa, podrían ser los proveedores naturales de fuerza de trabajo para un proyecto que generará hasta medio millón de empleos en una ciudad aeroportuaria de clase mundial, además de los 160 mil que ya se han impulsado durante la construcción.

En este sentido, sectores de proveeduría y logística, junto con el turístico y el aeronáutico, aportarán empresas con la necesidad de ubicarse cerca de la nueva terminal. Ellas habrán de absorber una gran cantidad de mano de obra especializada, que significará el mayor cambio estructural del valle de México desde que se convirtió en la zona más densamente poblada del país.

Como prueba del crecimiento en marcha, la generación de empleos formales aumentó 38% respecto al año anterior, en los municipios impactados por la obra en construcción.

Hay que mencionar que, en esta zona, el hacinamiento, la falta de servicios en la vivienda, y hasta la ausencia de vialidades y zonas de recreación, podrían reducirse en los próximos años con la aparición de un aeropuerto de estas características. Al final, esto depende de si, buscando mayor competitividad generada por alta conectividad y bajos costos de operación en terminales no saturadas, optamos por un aeropuerto que, con sustentabilidad de largo plazo, se convierta en un ancla de desarrollo capaz de detonar cambios significativos, como sí sucede en otros países que han optado por esta decisión.

La infraestructura aeroportuaria de los grandes hubs del mundo muestran ventajas en muchos sentidos, pero lo más relevante en el caso de lo que el centro de México debe resolver, está en el perfil social; lo hemos dicho siempre, para vencer carencias y pobreza, el único camino definitivo es la generación de empleo formal.

Las grandes obras de infraestructura son, entonces, una solución en sí misma, para dar un nuevo rostro de oportunidades allí mismo, en el corazón del que era un lago, motor alguna vez de una civilización, en un aeropuerto propulsor del cambio más dramático que una metrópoli puede ofrecer a quienes tantos años llevan esperando el desarrollo.

 

 

JAVIER GARCÍA BEJOS COLABORADOR

@JGARCIABEJOS

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