INE, tarea de todos

Creo que al INE le hace falta recuperar la memoria de su evolución y la capacidad de autocrítica

Francisco Gárate Chapa / Articulista / Heraldo de México
Francisco Gárate Chapa / Articulista / Heraldo de México

La semana pasada inició con una nota en diversos medios, en el sentido de que el Instituto Nacional Electoral dejaría de enterar al SAT las retenciones que por concepto de ISR realiza a los sueldos de sus colaboradores, y así solventaría sus compromisos financieros derivados de la organización de los seis procesos locales de este 2019.

Lo anterior como consecuencia del recorte presupuestal que le realizó la Cámara de Diputados por 950 millones de pesos.

Esta información, corroborada por el propio presidente consejero del INE, Lorenzo Córdova, generó reacciones y polémica.

Pero veamos y analicemos qué es lo que sucedió: el INE para su presupuesto 2019 proyectó una cantidad de once mil millones de pesos, la Cámara de Diputados le aprobó 10 mil 353. ¿Qué aduce el INE? Pues que es su presupuesto más austero, aunque si lo comparamos con el del 2016, a pesar de sus cuentas y justificaciones, empezamos a derrapar, porque resulta que en 2016 fue de 10 mil 680 millones de pesos, sí más alto que el de 2019 pero con la diferencia de que ese año se organizaron 13 elecciones locales, casi todas con gobernador, alcaldes y congresos locales, a diferencia de las seis de ahora (incluyendo Puebla, que junto con Baja California, son las únicas con gobernador); es decir, no puede requerir tantos recursos ahora como en 2016.

¿Qué considero, a partir de mi experiencia y paso por el INE? Pues que éste se conduce con una gran prodigalidad, existen gastos que no se justifican como: el contrato onerosísimo de alquiler de vehículos, señalado por su contralor interno; el que año con año, en los últimos meses, se realizan compras de pánico, en muchos casos sin seguir procedimientos de licitación; adquisiciones de bienes o servicios injustificados como el Sistema de Inteligencia Institucional que se dice que se adquirió sin saber para qué. Pero también procesos fallidos como el de credencialización y voto electrónico de los mexicanos que viven en el extranjero, de paupérrimos resultados, en el que al menos se erogaron 800 millones de pesos, para que al final hubiera sólo poco más de medio millón de mexicanos credencializados y poco más de 100 mil votos de éstos, de un universo posible de 12 millones de compatriotas y sin ningún responsable llamado a cuentas por el fracaso. Creo que al INE le hace falta recuperar la memoria de su evolución y la capacidad de autocrítica.

El Instituto Electoral, habrá que recordar, es un órgano que costó mucho trabajo construir; que hoy, a pesar de defectos y vicios, que pueden ser corregidos y superados, tiene un vigoroso y preparado servicio profesional, que goza de confianza para organizar elecciones; es el INE la cancha que los actores políticos diseñamos para entrar en competencia y es el árbitro que nos hemos dado; por ello, estoy cierto que tenemos la obligación de cuidarlo y preservarlo; de no permitir acciones que puedan mermar su autonomía y su capacidad de gestión y que cualquier decisión que ataña a este debe ser del más amplio consenso, sin imposición de mayorías en la Cámara.

 

Ex representante del PAN ante el INE

@pacogarate

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