Indiferencia+impunidad=ignominia

Si el Gobierno del Estado de México no ha aprendido que es mera voluntad lo que tienen las personas que hallan a sus familiares, entonces no han aprendido


Por estos días, hace cuatro años, Alejandro Reyes y Lourdes Muñiz repartían pulseras cromadas, con una oración inscrita, en la capilla del panteón Jardines del Recuerdo. Las entregaron justo al terminar la misa posterior a la cremación de Bárbara Reyes, su hija, a quien hallaron muerta 18 meses después de haberla reportado desaparecida. 

 

Y, efectivamente, la hallaron. Fueron ellos y no las autoridades, porque ni la Policía de Izcalli, donde vivían, ni la Estatal ni la Procuraduría de Justicia hicieron nada más que empantanar la investigación y sangrarles 250 mil pesos de pesos en incentivos para acelerar las indagatorias.

 

A Bárbara la reportaron desaparecida el mismo día de que no llegó a casa, porque en su lugar llegó un mensaje desde su celular, pidiendo 500 mil pesos de rescate por ella. A las autoridades les dieron santo y seña específicos, pero la Procuraduría nunca se percató que su cuerpo había llegado a un Semefo, en Cuautitlán México, dos meses después de que fue reportada desaparecida. 

 

Nunca se dio cuenta aunque llegó con la misma ropa con la que fue reportada. Nunca se dio cuenta aunque un perito dijo que necesitaba más muestras de ADN para hacer una identificación genética y el MP Juan Carlos Parra descartó hacerlo y la mandó a la fosa común, en lugar de enviarla con sus padres para que dispusieran de sus restos. No se dieron cuenta por ineficaces, ineficientes e indolentes. Mientras, Alejandro y Lourdes no podían dolerse con claridad por nada. Sólo siguieron moviéndose hasta encontrar, ellos mismos y por sus propios medios, a Barbie.

 

El caso, desgraciadamente, no es aislado. La excepción se ha vuelto norma aquí, en el poniente Valle de México. 

 

También allá, en el oriente. Francisco Iván Serrano Hernández, músico de la Sinfónica Nacional, quien desapareció en 2011 en Ozumbilla y apareció muerto en San Salvador Atenco dos años después. La Procuraduría nunca buscó hacer match con los registros de desaparecidos y lo envió directamente a la fosa común.  

 

Y también allá, en el norte del país. En Tamaulipas. Karen Alejandra Salinas Rodríguez, quien fue secuestrada y asesinada, y hallada dos años después por su madre, Miriam Elizabeth Rodríguez, en Tamaulipas, a quien recién asesinaron en presunta venganza por haber puesto en prisión al responsable. Aquí y en todas partes.

 

Hoy, en la página de aquí al lado, hay una tremenda investigación del equipo de EL HERALDO DE MÉXICO, que justamente habla de esta recurrencia: los familiares son quienes buscan solos, sin las autoridades y pese a las autoridades, a sus desaparecidos.

 

Ojalá el Gobierno del Estado de México quiera hacer algo. Sólo eso basta. Porque si a estas alturas no han aprendido que es mera voluntad lo que tienen las personas que, sin recursos, hallan a sus familiares, entonces no han aprendido ni aprenderán nada nunca. Por cierto, el Procurador de Justicia en la época de estos casos era Alfredo Castillo, aquel a quien se le perdió una niña en la orilla de la cama y a quien se le escapó sin ayuda un multihomicida, brincando esposado desde el cuarto piso del edificio.

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