Indefensión

Ni las manos metió la Selección Mexicana ante la arrolladora escuadra de Argentina, el martes

Heriberto Murrieta
Heriberto Murrieta / Columna Espuerta / Opinión El Heraldo

Cuando todo parecía que rodaba bien bajo la dirección técnica de Gerardo Martino, la Selección Mexicana fue humillada por su similar de Argentina, la noche del martes en San Antonio. El eterno avance y retroceso del futbol nacional.

El partido venía precedido de la aceptación para jugarlo, no obstante la extrema dureza del terreno del Alamodome, que milagrosamente no ocasionó una lesión importante en alguno de los jugadores. Billete mata integridad de los ejecutantes.

Evidentemente no es lo mismo jugar partidos moleros, contra rivales de poca monta, que enfrentar a un equipo poderoso como el argentino, que ya cuenta con una nueva realidad goleadora en la figura del implacable Lautaro Martínez. El joven delantero de Bahía Blanca se cansó de pintarles la cara a los defensas mexicanos.

El resultado refleja con nitidez las capacidades de uno y otro conjuntos. Argentina es una potencia y México está muy lejos de serlo.

El equipo verde, esta vez de negro por decisión comercial, cayó en la más absoluta indefensión. Inoperantes, los jugadores nacionales no tuvieron capacidad de reacción, como tampoco el técnico, que mandó a la cancha a los mismos 11 fantasmas para la parte complementaria, después de los cuatro tantos del periodo inicial.

Lo primero que tiene que hacer Martino es reinstalar en la titularidad a Héctor Moreno y buscarle un buen acompañante, luego de las desastrosas actuaciones de Néstor Araujo y Carlos Salcedo. Se les enredaban las piernas o se perfilaban mal o metían la mano dentro del área los centrales mexicanos.

Pero eso sí, ¿qué tal el envalentonado Araujo repartiendo codazos al principio del partido, como si aquello se fuera a ganar con golpes?

Argentina jugó sin varios de sus titulares: Messi, Agüero, Di María e Higuaín. Con ellos en la cancha, la goleada seguramente hubiera sido peor.

Menos mal que tanto agresor como agredido salieron a no jugar en el segundo tiempo, sellando tácitamente el marcador de 4 a 0, que pudo resultar todavía más gordo.

A la falta de futbol, se sumó la terrible carencia de personalidad y de carácter del feble cuadro mexicano, que ni las manos metió para impedir semejante descalabro.

Quizá lo único rescatable de todo esto es que el escandaloso revés llega a tiempo para que Martino corrija y ponga a funcionar a un buen grupo de jugadores de cara al proceso que tiene como objetivo la trascendencia en 2022, en el Mundial de Qatar.

POR HERIBERTO MURRIETA

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