¿Incertidumbre o certeza incómoda?

Es tiempo de que metamos freno antes de que el costo de lo que está pasando sea catastrófico para el mercado interno. Andrés Manuel no va a cambiar ni ante un posible golpe a la economía

Óscar Sandoval / Articulista invitado / El Heraldo de México

México todavía no sabe lo que le conviene. Por un lado, tenemos a quienes están acostumbrados a decidir o al menos influir en la decisión: los empresarios; por el otro los ciudadanos quienes con esperanza y el deseo de tener certeza piden que las acciones del Presidente Andrés Manuel López Obrador tengan el resultado deseado y quien decide, trabaja en línea con lo que ofreció.

 

El cierre de año obliga a la reflexión profunda basada en los hechos y no en las intuiciones o el deseo de que las cosas se hagan como las hacía quien perdió el poder.

 

Al país le hace daño seguir hablando de incertidumbre pues no va a hacer que López Obrador y mucho menos su gabinete cedan sobre lo que ya está decidido. Pocas veces en la historia reciente de este país, el escenario de decisiones y las acciones correspondientes son tan claras como ahora.

 

No importa que no sepan explicar el cómo (por ejemplo, Javier Jiménez Espriú en la recompra de los bonos del NAIM), porque el qué está aceptado por la gente.

 

La incertidumbre está en quienes están sacando ventaja, principalmente económica.

Es tiempo de que metamos freno antes de que el costo de lo que está pasando sea catastrófico para el mercado interno. Andrés Manuel no va a cambiar ni ante un posible golpe a la economía.

 

Si sucediera, lo justificaría en la corrupción del pasado y los grupos de poder que quieren seguir sacando provecho y la gente se lo creería porque el dolor que tenemos por la desfachatez con la que se ha administrado la hacienda pública nos ciega frente al todo.

 

Además, los cambios en los indicadores económicos a partir del 1º de julio nos han dejado claro el presagio: primero, en la estructura económica actual el impacto no es directo ni inmediato en nuestra billetera; segundo, existe un margen de maniobra porque la gente está dispuesta a ceder en ciertos temas por ver que las cosas cambien.

 

El uso de los símbolos está más presente que nunca. La apertura de Los Pinos representa para la gente alcanzar lo inalcanzable y un logro frente a quienes ven como el enemigo.

 

De ahí que sea necesario quitarle lo incómodo a la certeza que la cúpula de tomadores de decisores si tienen, pero que no quieren aceptar.

 

Estirar la liga implica que el golpe se lo puede llevar el mercado interno: usted, su familia y yo. Los empresarios se ven como lo que son: generadores de empleo a través de la inversión.

 

El tema está en que la gente y el gobierno actual están seguros de que eso no es suficiente.

 

Hoy en el debate de lo público el punto de quiebre sigue siendo la forma en la que se están comunicando las empresas y los empresarios con el poder.

 

Es urgente cambiar de estrategia antes de que el reflejo de ello pase de los periódicos a los indicadores económicos y finalmente a nuestra billetera.

 

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@osandovalsaenz

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