Inamovible

Desde el año pasado estaba echada la suerte del NAIM; Santa Lucía siempre fue la opción de Andrés Manuel

Alfredo González / A fuego lento / Heraldo de México
Alfredo González / A fuego lento / Heraldo de México

El 20 de noviembre de 2017 se decretó la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), y todo lo que siguió después de esa fecha fue darle forma a una decisión que ya estaba plasmada en blanco y negro.

Muchos creyeron que Andrés Manuel López Obrador cambiaría su decisión, pero se equivocaron.

El año pasado, el día que se conmemoró el aniversario de la Revolución Mexicana, integrantes del comité directivo de Morena, entre ellos Claudia Sheinbaum, Alfonso Romo y Esteban Moctezuma, presentaron el Proyecto de Nación 2018-2024.

En el Congreso Nacional de Morena, celebrado en el Auditorio Nacional, dieron a conocer las directrices de lo que sería el gobierno y desde aquel momento la suerte del NAIM estaba echada. Explicaron que la construcción de la nueva terminal era inviable técnica y económicamente. Y presentaron la alternativa:

Conformar un sistema complementario de aeropuertos, coordinando el manejo de vuelos comerciales nacionales e internacionales, así como vuelos de carga, distribuyéndolos entre el Aeropuerto Internacional (actual) y el Aeropuerto Militar de Santa Lucía, que sería habilitado como aeropuerto internacional a construirse en los terrenos aledaños de la Base Aérea Militar número 1.

López Obrador y su equipo tenían el diagnóstico técnico y económico. Hablaban de la inviabilidad financiera de Texcoco, de las dificultades del suelo y de los costos de mantenimiento. Los flujos netos proyectados no serán suficientes para cubrir los compromisos de deuda, por lo que el NAIM puede convertirse en el siguiente proyecto que tenga que ser rescatado por el Estado, decía el Proyecto de Nación que dedicó un capítulo completo al tema del Aeropuerto Internacional. Y a manera de conclusión planteaba: Resulta evidente que la mejor opción es construir dos pistas en Santa Lucía y tener cinco pistas en dos años, a un tercio del costo de tres pistas en tres años o seis pistas en 40 años, que es el caso del NAIM Texcoco.

Bajo esa premisa, todo mundo sabía lo que iba a pasar si Andrés Manuel ganaba la Presidencia; sin embargo, muchos albergaron la esperanza de que algo cambiaría; hasta creyeron en la consulta ciudadana.

Con lo que no contaban era con que lo escrito en el Proyecto de Nación era inamovible. Por esa razón, ahora queda la sensación de que la decisión de frenar Texcoco no es otra cosa que un alarde del poder con el que Andrés Manuel tomará las riendas de la Presidencia.

Tan inamovibles han resultado sus decisiones, que fue capaz de pasar por encima de la palabra que empeñó con los empresarios su futuro jefe de oficina, Alfonso Romo, y por encima de los diputados y senadores mexiquenses de Morena y otras entidades que estaban a favor de Texcoco. Ni los vio ni los escuchó.

 

Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: El poder más peligroso es el del que manda pero no gobierna.

 

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@ALFREDOLEZ

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