Ignacio Cabrera Fernández: Triángulo Norte y migración

La violencia es otro aspecto que incide directamente en los flujos migratorios internos e internacionales del Triángulo

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IGNACIO CABRERA, CONSULTOR DESARROLLO URBANO Y VIVIENDA

Una excelente investigación de la Cepal, titulada Migración interna y desarrollo en América Latina entre 1980 y 2005, y cuya autoría es de Jorge Rodríguez y Gustavo Busso, en su prólogo, de Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva, dice: Si bien la migración interna y el desarrollo siempre han estado indisolublemente ligados, su vínculo actual es más complejo y diverso que el que tenía hasta la década de 1980, cuando el desarrollo productivo, la modernización socioeconómica y la urbanización se reforzaban mutuamente y la migración del campo a la ciudad monopolizaba el cuadro de flujos migratorios.

El elevado grado de urbanización, y en donde uno de cada tres latinoamericanos vive en una ciudad de un millón de habitantes o más, los cambios del desarrollo económico y social, las transformaciones tecnológicas y de estilos de vida, la descentralización y la globalización tienen poderosas y variadas repercusiones en los flujos migratorios.

Las causas de la migración en el Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y el Salvador) se asocia no solamente al deseo de buscar mejores opciones económicas, sino a la presión de escapar de la pobreza rural, el hambre, la inestabilidad climática y la violencia.

De los 33 millones de migrantes internacionales originarios de América Latina y el Caribe, cerca de 15 millones provienen de México y de los tres países que conforman el Triángulo Norte Centroamericano.

Los migrantes de los países que conforman el Triángulo tienen como principal destino final Estados Unidos, y su movimiento migratorio se da a través de México, conformando así uno de los principales corredores migratorios de nuestra región y del mundo.

La gran importancia de la migración internacional no es menor en las economías de los países del Triángulo Norte: en 2015, las remesas representaron 18 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de Honduras, 17 por ciento de El Salvador y 10 por ciento de Guatemala.

Si consideramos que cerca de 40 por ciento de las remesas internacionales se destinan a zonas rurales, queda claro hasta qué punto los flujos internacionales de personas y remesas son fundamentales para la subsistencia de las comunidades más rezagadas.

La violencia es otro aspecto que incide directamente en los flujos migratorios internos e internacionales del Triángulo. En el caso de Guatemala, la tasa de homicidios fue de 31, de El Salvador de 64 y de Honduras de 74 personas por cada cien mil habitantes en el año 2014.

Si se desea mitigar la migración, será indispensable estimular el desarrollo de estos territorios expulsores de migrantes, con estrategias que abarquen al menos cuatro dimensiones: acceso a niveles mínimos de bienestar, comenzando por la seguridad alimentaria y nutricional; nuevas y mejores oportunidades de empleo e ingreso; resiliencia a eventos climáticos; y fortalecimiento del tejido social y del Estado de Derecho para abatir el crimen organizado y la violencia.

 

CONSULTOR DESARROLLO URBANO Y VIVIENDA

 

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