Muerto el rey…

El viernes, apenas rindió protesta como Gobernador, Del Mazo habló de las deudas, que ofreció remontar desde sus primeros 100 días de gobierno


Once horas antes de que asomaran al balcón del Palacio de Gobierno a dar el Grito de Independencia, en un duelo sincronizado de deferencias, Alfredo Del Mazo se desmarcaría de la administración que le antecede, en un discurso que aplaudieron hasta los periodistas más críticos y que dejaba claro que viene a marcar su estilo desde el minuto uno.

El viernes, apenas rindió protesta ante el Congreso estatal como Gobernador del Estado de México, Del Mazo habló de las deudas en seguridad pública, desarrollo económico e infraestructura, lo cual ofreció remontar desde sus primeros 100 días de gobierno.

Ante unas dos mil 500 personas que lo escucharon en el Teatro Morelos, en el corazón político de la entidad, el priista pintó su raya y echó a andar.

Primero, agradeció a todos los presentes. Al único a quien se refirió en el saludo con algo más que su cargo fue Jorge Carlos Ramírez Marín, el presidente de la Cámara de Diputados: mi amigo, dijo.

Pasó lista también a los gobernadores que lo acompañaron, a los titulares de los poderes locales, a los ex gobernadores que lo arroparon en primera fila, el Grupo Atlacomulco en pleno (Alfredo Del Mazo González, mi padre, agregó, a Montiel, Pichardo Pagaza y Emilio Chuayffet) y, por supuesto, al ex gobernador y presidente Enrique Peña Nieto, único a quien ovacionó en dos ocasiones en su discurso.

Y allí, en primera fila, colocó también al ya para entonces ex gobernador Eruviel Ávila. Desde allí, Eruviel le escuchó decir que la seguridad será la prioridad de su gobierno, debido a que el delito nos ha vulnerado a todos y se ha convertido en un desafío de gran magnitud.

Quien le asiste en los discursos al gobernador Del Mazo no escogió seguir la línea de reforzaremos el trabajo, se ha hecho mucho y falta más, redoblaremos el esfuerzo…. Nada. El deslinde fue explícito.

Habló de hacer de éste uno de los estados más seguros del país –reconocimiento implícito de que no lo es–, de poner 20 mil cámaras en el transporte público y ligarlas el C5, y tiró línea a los municipios para que se sumen al Mando Único. Dejó claro que no absorberá, pues, ninguna bala que no le toque.

Once horas más tarde, ambos bajarían juntos, acompañados de sus respectivas esposas y del aplauso de los invitados a la ceremonia, por la escalera del Salón del Pueblo. Al llegar al pie de la escalinata, Eruviel se sumaría a la ovación dando la cara a Del Mazo, y el nuevo gobernador le regresaría el mismo gesto.

Eruviel lo dejaría caminar para saludar a la concurrencia y, discretamente, se acomodaría cerca del balcón principal para no robar atención. Tomaría la bandera, encabezaría la arenga y, como sólo ocurre cada seis años, le cedería el lienzo patrio al mandatario entrante, para que Del Mazo lo ondeara mientras él tiraba del badajo por última vez. Para ese momento, todo lo demás que se había escuchado en el Teatro Morelos, era ya historia.

 

CLAVES Dicen que cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pongas las tuyas a remojar. O lo que es lo mismo, ¿estás viendo a Cabify, Uber? ¿Estás viendo lo que pasa en Puebla, CDMX? Las mujeres (y los hombres) ya no callarán ante este silente machismo y misoginia con el que se pretende acallar una realidad: la inconmensurable violencia de género, la intolerable impunidad y los feminicidios que no paran.

 

Columna anterior: La mujer policía de Del Mazo; y la boda Vázquez Mota

¿Te gustó este contenido?