Homero Niño de Rivera V: La región más transparente

Pasan los días y siguen impactándonos las imágenes de la gente volcándose a ayudar al prójimo como si fuera algo natural en los seres humanos


Decía Octavio Paz en el poema Piedra de Sol que nunca somos a solas. Y es que somos en el encuentro con el otro, ese encuentro que debe unir a las personas, que debe unir a los miembros de una sociedad.

 

La noticia de cómo los mexicanos nos solidarizamos con las víctimas de nuestra nueva tragedia le dio la vuelta al mundo. Las imágenes no sólo nos enchinaron la piel aquí, sino al mundo entero. Esas imágenes como recordatorio del bien, como recordatorio del camino correcto.

 

La tragedia que nos volvió a llegar exactamente 32 años después, como ese eterno retorno del poema de Paz, que siempre regresa, que nunca termina. Como si los dioses mexicas no quisieran que olvidáramos que nunca somos a solas, que sólo somos si nos encontramos con los otros miembros de nuestra sociedad.

 

La Ciudad de México es para mí entrañable, te abre sus brazos, te acoge. Te abraza siempre porque está acostumbrada a recibir personas de todas partes y eso la hace ser así, generosa, afectiva, como somos los mexicanos. Es formidable, acepta a todos, es punto de encuentro y es de todos.

 

Alexander Von Humboldt describió a la Ciudad de México como la región más transparente del aire, y en su paso por México estudió al calendario Azteca, a la Piedra de Sol. Esa piedra que desde que se descubrió, en el centro de nuestro país, es quizás el monumento que más nos reencuentra a los mexicanos con nuestros antepasados.

 

De aquella descripción de Humboldt nace precisamente el título de la más grande novela de Carlos Fuentes, en homenaje a aquella ciudad. Ciudad de presencia de todos nuestros olvidos, ciudad de acantilados carnívoros, ciudad dolor inmóvil, ciudad de la brevedad inmensa, ciudad de sol detenido, dice Fuentes en La región más transparente.

 

Pasan los días y siguen impactándonos las imágenes de la gente volcándose a ayudar al prójimo. De inmediato, sin pensarlo, como acostumbrados a esos impulsos, como si fuera algo natural en los seres humanos. A la calle parece que fue el grito de los mexicanos y al instante ahí estaban los mares de gentes, día y noche, sin descanso.

 

Si queremos cambiar a nuestro país, ahí tenemos una vía: la solidaridad. El mundo cambia si dos se miran y se reconocen, dice Octavio Paz, en ese que quizás es su más grande poema, en honor a nuestro calendario. Nunca la vida es nuestra, es de los otros. Los actos míos son más míos si son también de todos. Buscarme entre los otros, los otros que me dan plena existencia, no soy yo, no hay yo, siempre somos nosotros.

 

* SECRETARIO DEL AYUNTAMIENTO DE SAN PEDRO GARZA GARCÍA

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