El PAN a debate: Corrupción o cambio

La elección interna de Acción Nacional parece irrelevante, pero es estratégica para México

Alvaro_Delgado
Alvaro Delgado / Historia de lo inmediato / Heraldo de México

Ese 14 de junio de 2011, Juan José Rodríguez Prats estaba molesto: como delegado del CEN del PAN en Michoacán había entregado un informe sobre los aspirantes a la candidatura al gobierno, Luisa María Calderón y Marko Cortés, en él acusaba a éste de corrupto por recibir millones de empresarios con el pretexto de que todos lo hacen.

-¡Se lo he dicho a Marko de frente! -me dijo ese día, casi gritando.

-¿Son recursos ilegales?

-¡Ilegales, desde luego que ilegales! Yo lo dije en el CEN: señores, por menos de esto se expulsó a Manuel Espino.

Ante la imputación, hablé con Cortés, quien era senador: Es un mentiroso. Él es un viejo priista y yo soy panista de toda la vida. Está jugando a quedar bien con el sistema, porque quiere ser diputado federal.

–¿Se lo ha dicho de frente, como él dice?

–Lo ha dicho en el CEN mintiendo y le he pedido que exhiba las pruebas, porque de otra manera está calumniando.

Este episodio de hace siete años, que había quedado en el olvido, es el escándalo de corrupción en el PAN que ya marcó la elección por la dirigencia y que será parte del debate, mañana miércoles, de los candidatos a presidente, Marko Cortés y Manuel Gómez Morin. A dos semanas de la elección del 11 de noviembre, cuando uno de los dos sea electo por los 280 mil 336 militantes del PAN, el tema de los 70 millones de pesos que Cortés recibió de empresarios es parte de las discusiones internas de panistas, hartos de la corrupción y de la impunidad.

Porque en esto derivó el caso tras exponerse en el CEN del PAN, presidido por Gustavo Madero. El entonces secretario general adjunto, Tomás Trueba, confirma lo que Rodríguez Prats expuso en ese órgano: Pero pasó lo que desgraciadamente pasaba muchas veces en ese entonces en el partido: impunidad.

Ante los temas de la agenda nacional, a 40 días de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador, la elección interna del PAN parece irrelevante, pero es estratégica para México: o se regenera como fuerza institucional con capacidad de ser contrapeso al poder de Morena o se consolida como oposición anodina, sin autoridad moral ni política. Por ahora, justamente por episodios como el de la imputada corrupción de Cortés, el PAN avanza por el segundo derrotero y se consolidará si triunfa el michoacano, a quien respaldan los factores de poder en ese partido: la estructura que aún controla Ricardo Anaya y la mayoría de los gobernadores. Un panista de Guanajuato, Carlos Arce Macías, advierte que el PAN, para ser una verdadera oposición, requiere de honradez y valentía. La primera sirve para no ser capturado por su poderosa contraparte. La segunda, para encarar de frente, sin bajar la mirada, los enojos que provoquen los retos que se lancen contra el principal detentador del poder. El PAN sólo cuenta con una alternativa: desechar la unidad artificial, en torno a la corrupción, que propone Marko Cortés; o decidirse por una verdadera unidad que no signifique impunidad. Al panismo le debe de quedar claro: o la bebe o la derrama.

 

 

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