Pedro Ángel Palou: Heridas abiertas y verdad, el reto de la amnistía

Guerrero produce 93% de la amapola de nuestro país, y en Estados Unidos el consumo de heroína ha aumento 324% desde 2008

Pedro Ángel Palou: Heridas abiertas y verdad, el reto de la amnistía

Ayotzinapa es una herida abierta. Pero lo son también los miles de muertos de la fallida guerra contra el narco. Los millones de desplazados. Los miles de desaparecidos. Andrés Manuel López Obrador acaba de escuchar en Ciudad Juárez a las madres de muchos de ellos decir NO a la reconciliación. Gritarle: ¡Sin justicia no hay perdón! Estamos obligados a mirar el problema desde todos los posibles ángulos para no sólo intentar comprenderlo, sino para evitar que se repita.

El caso Iguala, entre otros, nos taladra la conciencia del tiempo atroz que vive México, nos obliga a actuar de inmediato. El narcotráfico se ha convertido en el verdadero poder en muchos estados y municipios del país, toca a todos los partidos políticos.

Guerrero produce 93% de la amapola de nuestro país, y en Estados Unidos el consumo de heroína ha aumento 324% desde 2008. El temible cártel Guerreros Unidos, producto de una escisión de los Beltrán Leyva, en pugna constante con el otro grupo resultado de tal división, Los Rojos, pelea por el control de ese estado y por el de Morelos. La cantidad de parientes de miembros de esos cárteles involucrados en la vida política municipal de ambos estados es impresionante. ¿Cuántos Igualas hay hoy en México?

Guerrero ha sido controlado por unas cuantas familias a lo largo de su historia. Los Figueroa y los Aguirre son la punta del iceberg de una oligarquía que ha utilizado la represión, la tortura y la violencia como formas de control. El ejercicio de la brutalidad pública puede verse con toda su horrorosa magnitud en el informe de la Comisión de la Verdad. Un texto revelador y valiente de 237 cuartillas, fechado el 15 de octubre de 2014.

Desde 1974 empezaron a aparecer cuerpos de personas desaparecidas con muestras de tortura y quemados. Esa práctica es similar a la que utilizan los cárteles y la ignominia de la fosa del basurero de Coyuca. Se les da a tomar gasolina y se les prende fuego, afirma el documento de la Comisión de la Verdad, firmado por Hilda Navarrete Gorjón, Pilar Noriega García, José Enrique González Ruiz, Nicomedes Fuentes García y Apolinar Arquímedes Morales Carranza.

Urge evaluar las responsabilidades compartidas. Es cierto que fue el Estado, pero también hemos sido todos, que hemos dejado que las cosas se salieran de cauce. Se claudicó en el movimiento de regeneración que implicó el cambio democrático en 2000. Los medios dejaron de hacer su trabajo y se unieron a la partidocracia, a la que paulatinamente se le iba infiltrando la narcopolítica. La debilidad institucional en muchos lugares de nuestro país exige una revisión completa del contrato social que nos gobierna. Pero somos todos corresponsables en detener el estado actual. Es más que urgente. Hacerlo, además, no implica no resolver de inmediato la pregunta concreta sobre dónde están los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, sino la más crucial: ¿cómo pensamos en el futuro?

Necesitamos no una, sino muchas comisiones de la verdad, desde 1968, 1971, hasta Ayotzinapa, sin olvidar Aguas Blancas y las Fosas de San Fernando, entre muchas otras. O mejor, una sola sobre los crímenes del Estado. Sí al perdón, pero también a la verdad y a la justicia restaurativa; no menos merecen las víctimas y los deudos de este país enlutado. Y entonces sí habrá perdón —no olvido—, reconciliación y paz.

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónBolsa de red: El must del verano

Bolsa de red: El must del verano