Héctor Díaz Santana: Repensar en el Estado

Recuperar las referencias básicas del Estado y las condiciones para el cumplimiento del pacto social parecería una cuestión ociosa, pero no lo es

Héctor Díaz Santana: Repensar en el Estado
Héctor Díaz Santana: Repensar en el Estado

Existe una paradoja: ¿cómo gobernar un Estado cuando las dinámicas sociales van a una velocidad superior a la gestión gubernamental y política? Cuando el Estado moderno nació se caracterizó por establecer un marco constitucional, liberal y democrático, que tenía como objetivo cohesionar y regular la relación entre el gobierno y la sociedad civil, en un proceso permanente de la búsqueda del progreso, desarrollo y el bien común, por medio de un pacto social.

Desde hace años, diversos tratadistas establecen que la democracia está viviendo una crisis, motivada inicialmente por la sobrecarga de demandas al Estado, falta de condiciones homogéneas de vida, pobreza, brecha en el ingreso y la globalización, en un ambiente de política superficial y el choque entre la convivencia de libertades en la pluralidad.

Recuperar las referencias básicas del Estado y las condiciones para el cumplimiento del pacto social parecería una cuestión ociosa, pero no lo es. Es el momento de reflexionar sobre su cimentación fundamental y hacer una valoración de cómo se encuentra.

Estado y democracia son componentes inseparables, que se exponen a: fisuras o regresiones; desempeño lineal; o de éxito en la gestión pública. El objeto del Estado es mantener la gobernabilidad y propiciar condiciones de vida digna para el bienestar social. Tenemos marco normativo suficiente, pero hay carencias en el cumplimiento de la ley.

Tenemos instituciones, pero algunas veces son ineficientes y corruptas, por lo que es urgente su profesionalización, en donde los ciudadanos de mayores competencias sean los responsables de operar el aparato del Estado bajo condiciones de permanencia y constante especialidad. La institucionalidad democrática obtiene su fortaleza en el respeto irrestricto a su competencia; cuando estas se violentan o actúan al margen de la ley, automáticamente pierden legitimidad y desgastan al Estado.

Para México el tema de la representación política será un dilema para el futuro. Actualmente es complejo hacer proyecciones de resultados electorales; tenemos un electorado crítico y oscilante en un ámbito donde es probable que al gobierno entrante se le exija demasiado, y los de oposición no se adapten a nuevas exigencias sociales.

En lo que respecta a la política social, el combate a la pobreza es un reto, no sólo por bajar los índices de marginalidad social; se trata de una política de Estado que fortalezca el capital humano y social en un camino sinuoso que evite la fragmentación, que fortalezca la tolerancia en la diversidad y que no permita sociedades resentidas y de odio.

Actualmente se debaten los conceptos claves asociados a la naturaleza y el alcance del Estado, así como su dimensión democrática, republicana y de moral pública. El punto de partida debe ser un imperativo de preservar y fortalecer el sentido progresivo y no regresivo.

El reto es mayúsculo y, para llegar a buen puerto, necesariamente los ciudadanos mexicanos tendrán que aportar. La conducción del gobierno debe aprovechar el ánimo y considerar la heterogeneidad social. Es cierto que no existen fórmulas únicas, por ello es importante tener la sensibilidad suficiente para seguir adelante cuando las iniciativas sean exitosas y corregir el rumbo cuando aparezcan las fisuras.

Nadie dice que gobernar es fácil.

 

@HDIAZS

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