Hacer visible lo invisible; trabajadoras del hogar

Ella es la que se levanta antes que la familia que la emplea. Prepara los alimentos y limpia la cocina, asea recámaras y baños

Xóchitl Gálvez  / SENADORA DEL PAN
Xóchitl Gálvez / SENADORA DEL PAN

En pleno siglo XXI, hay quien llama a las personas trabajadoras del hogar la criada, la sirvienta o peor aún, la chacha. Incluso, hay algunos que piensan que debe acudir al primer llamado, pues aseguran que ése es su trabajo: estar a la disposición de la patrona o patrón para lo que se le ofrezca, aunque a ella se le estigmatice, maltrate o invisibilice.

Ella es la que se levanta antes que la familia que la emplea. Prepara los alimentos y limpia la cocina, asea recámaras, estancias y baños; lava y plancha ropa; cuida a los niños. Y qué decir cuando le toca cuidar enfermos o adultos mayores.

Es la última en retirarse a descansar en ocasiones, aguanta comentarios, burlas y humillaciones y, a veces, acoso y abuso sexual de los patrones y patroncitos. Y a pesar de que llegan a crearse relaciones de cercanía afectuosa, ellas tienen que comer en la cocina y no siempre lo mismo que sirvió en la mesa, ya sea por racismo o simple clasismo. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, durante el tercer trimestre de este año, están registradas 2 millones 252 mil 577 personas como dedicadas al trabajo doméstico remunerado. Dato que incluye mayoritariamente a mujeres, 93 por cada 100 personas. Si bien la legislación laboral mexicana reconoce al trabajo del hogar remunerado, incluso desde la misma Constitución, en realidad se trata de un marco jurídico discriminatorio. La lucha por el respeto de los derechos de las personas trabajadoras del hogar no es reciente. Las trabajadoras del hogar organizadas en México tienen al menos 20 años exigiendo sus derechos laborales y la OIT adoptó en 2011 el Convenio 189, sobre el Trabajo Decente para las y los Trabajadores Domésticos con su Recomendación 201.

Aunque México fue uno de los países firmantes, aún no ha ratificado el convenio, pues el Poder Ejecutivo no la ha enviado al Senado.

Esta injusticia nos llevó a varias senadoras, de diferentes grupos parlamentarios, a trabajar con las organizaciones sociales, a fin de presentar una iniciativa de reforma a la Ley Federal del Trabajo, a fin de que cuenten con derechos laborales como cualquier otro trabajador. Por ejemplo, establece una contratación por escrito que incluya como mínimo: dirección del lugar de trabajo habitual; fecha de inicio, duración y término; tipo de trabajo a realizar, remuneración y periodicidad de los pagos; horas de trabajo; pago de vacaciones, periodos de descanso diario y semanal, según sea el caso, suministro de alimentos y alojamiento, cuando procedan. Asimismo, que las jornadas de trabajo no excedan ocho horas diarias y cuando excedan, deberán de considerarse como horas extras, en el caso de personas trabajadoras que residan en el domicilio donde laboran.

Además, las personas trabajadoras del hogar deberán contar con prestaciones establecidas en la ley como: vacaciones, prima vacacional, pago de días de descanso, acceso a seguridad social, aguinaldo. Esta iniciativa fue plural, apoyada por todos los partidos. Ahora iremos juntos por un marco legal adecuado, indispensable para terminar con los tintes de esclavitud vigente.

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