Hace falta un cambio verdadero

Nosotros como sociedad, somos los primeros responsables de la manera en que nos relacionamos y de nosotros depende signar un nuevo pacto social

Héctor Serrano Azamar / Heraldo de México /
Héctor Serrano Azamar / Heraldo de México /

Soy asiduo visitante de las redes sociales. Dedico parte de mi tiempo para leer las cosas que internet nos provee, prácticamente cualquier cosa, pero lo que más disfruto, es poder conocer los sentimientos de la gente, del ciudadano común que, gracias a las redes sociales, puede expresar y compartir lo que quiera.

Las redes sociales se han convertido en el termómetro social por excelencia, a través de ellas se conoce lo que algunos denominan como el ánimo social.

Tengo el gusto de contar entre mis amigos de las redes con un amplio abanico de personas: mujeres, hombres, morenos, perredistas, panistas, anarcos, religiosos, ateos, centralistas, federalistas, republicanos, en fin, de todo un poco. Percibo entre muchos de ellos, las ganas de poder romper con uno de los más grandes y perjudiciales mitos del pueblo mexicano, la falsa idea de que una sola persona tiene la capacidad para mejorar sustancialmente a nuestro país.

Hasta que la batalla contra los ministros de la Corte por frenar la ley de Reducción de Salarios inundó las redes sociales, cada vez eran más frecuentes (aunque no tanto como yo quisiera), los mensajes que hablaban de nuestra responsabilidad como ciudadanos para poder corregir el rumbo de nuestra patria, en ellos se pueden leer frases que, palabras más, palabras menos, asumen que si no cambiamos de manera radical nuestra forma de ejercer la ciudadanía, México seguirá por siempre, siendo lo mismo que hoy conocemos.

Me alegra mucho el pensar que podemos avanzar en entender, que no existe ser humano o espiritual, con la capacidad para cambiar como por arte de magia nuestra realidad colectiva.

Nosotros como sociedad, somos los primeros responsables de la manera en que nos relacionamos y de nosotros depende, signar un nuevo pacto social, donde el respeto a los demás sea la prioridad. Si aspiramos a elegir buenos gobernantes, aspiremos a ser buenos ciudadanos.

Si la idea de una responsabilidad compartida sigue cuajando, el siguiente paso lógico debe ser la búsqueda y el fortalecimiento de instituciones, más que de personas, con la capacidad de garantizar el respeto y la defensa de esta nueva manera de concebir la cosa común, en ello se centra la tarea de los verdaderos hombres y mujeres de Estado, en la construcción del andamiaje legal e institucional, que impidan a cualquier persona estar por encima de los intereses comunes.

En las sociedades responsables, donde la gran mayoría de los ciudadanos asumen su papel como constructores del bien común, los iluminados y salvadores de la patria nunca son necesarios; lo que allá se elige (la gran mayoría de las veces) son a hombres y mujeres con la capacidad de conducir al Estado en estricto apego a la ley, y cuando ésta no es buena, promueven su cambio sin vulnerar el derecho de los demás aunque esté en contra de sus ideas. Sonrío al pensar que un cambio verdadero sí es posible.

 

@hserranoazamar

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