Guillotina

López Obrador enfocó su narrativa para destacar el rescate de Pemex como palanca de México

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

Todos los presidentes dependen de una o de una serie de narrativas que crean y alimentan para persuadir y justificar los planes, las políticas públicas y las obras de gobierno, ante sus gobernados.

Felipe Calderón eligió una frase célebre de Churchill para transmitir a los ciudadanos que era necesario, desde su punto de vista, sacrificarse hasta la ignominia y la muerte con tal de hacer frente al acecho del narcotráfico.

Nos va a costar sangre, sudor y lágrimas, dijo el segundo presidente surgido del PAN, antes de tomar posesión en diciembre de 2006.

Ha llegado el momento del encuentro y el acuerdo, transitar del sufragio efectivo al gobierno eficaz, celebró el presidente Enrique Peña al presentar el Pacto por México en la época temprana de una narrativa dirigida a alimentar en los ciudadanos la idea de la posibilidad de dejar atrás los tiempos de la confrontación política y la ausencia de acuerdos para construir programas y políticas públicas por consenso, en beneficio de los ciudadanos.

AMLO es poseedor de una constelación de narrativas que ha creado siempre al paso en distintos temas (primero los pobres, se acabó la corrupción y ya está prohibido el huachicoleo), pero en semanas recientes una sobresalió frente a las demás: el rescate de la industria petrolera nacional.

En octubre del año pasado, en marzo de este año, y ayer en un discurso que pronunció en la refinería Antonio M. Amor, en Salamanca, Guanajuato, el Presidente aportó contextos e ideas sobre el plan que tiene para rescatar a Petróleos Mexicanos y la industria petrolera.

Estamos convencidos de la importancia de rescatar a Pemex, porque si rescatamos a Pemex se va a rescatar a México. Pemex tiene que ser la palanca para el desarrollo nacional. Esto nos distingue, porque había la intención de desmantelar a Pemex y al sector energético, dijo AMLO en la refinería de Salamanca, una de las seis que visitó antes de echar a andar el plan nacional de refinación.

Se esmeraron en destruir la industria petrolera y la industria eléctrica en los últimos tiempos. Afortunadamente no les dio tiempo, subrayó López Obrador.

En el relato del Presidente, estaba a punto de consumarse el desmantelamiento de Pemex cuando ocurrió el cambio político el año pasado. Sonó la alarma, sonó la campana y terminó ese propósito de aniquilar a Pemex y al sector energético.

El presidente Calderón pactó con el presidente George W. Bush la ofensiva contra el crimen organizado en La Casa Blanca –antes de tomar posesión– y muy temprano su propia narrativa catastrofista comenzó a cobrarle cuentas: conforme las iniciativas y los planes bilaterales transcurrían con poco o nada de éxito, las balas y la sangre se multiplicaban en México hasta alcanzar niveles desconocidos.

El presidente Peña y sus aliados políticos lograron la aprobación histórica del Pacto Por México, una versión tropical del pacto de la Moncloa, cuyos principios y propósitos comenzaron a crujir temprano, al ritmo de los escándalos y las revelaciones –la Casa Blanca, el saqueo de los gobernadores del nuevo PRI, la corrupción de Odebrecht–, que confirmaron que el acuerdo firmado en el Castillo de Chapultepec tenía mucho más de pacto de impunidad que de acuerdo plural para el progreso del país.

El presidente López Obrador anunció el rescate de la industria petrolera en octubre del año pasado y otra vez muy pronto han comenzado a crujir las estructuras sociales y económicas más afectadas.

Como parte de la política de austeridad, miles de empleados de gobierno han sido despedidos. El último recorte sucedió la semana pasada, al mismo tiempo que médicos y enfermeras del sector salud trabajan sin certeza laboral o sin contrato, y un avance de obras y pago a proveedores que ha empeorado el abasto de medicamentos.

Ante la presión social, AMLO rectificó y Hacienda liberó más de 2 mil millones de pesos a los institutos de salud. El siguiente paso es un ambicioso plan para reducir la carga fiscal de Pemex, pero sin una reforma fiscal que el presidente desea evitar a toda costa, ¿de dónde saldrán todos esos fondos? ¿A punta de guillotina como hasta ahora?

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@WILBERTTORRE

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