Guardia Nacional: Diseño de Fuerza y la 4ta Transformación

En México, el diseño de fuerza ha estado ligada íntimamente a los cambios en el poder político y no al cambio de las amenazas

Iñigo Guevara / Analista / Heraldo de México
Iñigo Guevara / Analista / Heraldo de México

Cada país cuenta con una ‘arquitectura de seguridad y defensa’ que le permite sobrevivir como soberano e independiente. El diseño de esta arquitectura varía de acuerdo con las amenazas que enfrenta.

Desafortunadamente no hay país que esté libre de amenazas, ya sea de un país rodeado de enemigos y al borde de la guerra, como Israel o Corea del Sur, que requiere enfocarse en la defensa, a un país sin enemigos naturales como Costa Rica o Suiza, absolutamente todos necesitan rediseñar constantemente sus fuerzas para enfrentar mejor las amenazas.

En México, el diseño de fuerza ha estado ligada íntimamente a los cambios en el poder político y no al cambio de las amenazas. Durante décadas, la arquitectura de seguridad era una pirámide de tres pisos: federal, estatal y municipal, pues el monopolio político priista permitía que las decisiones del Ejecutivo en materia de seguridad fueran implementadas a manera de cascada por los estados y municipios en unísono.

Para casos especiales el ejecutivo contaba con agentes judiciales y de gobernación que podían actuar de manera independiente, y para casos mayores contaba con el ejército que ejercía la presencia del Estado en las zonas rurales, y en las costas y mares en el caso de la Armada.

La transición a la democracia electoral en 1997 ocasionó una disrupción en el sistema piramidal. Ante el fin del monopolio político priista, las decisiones del ejecutivo no necesariamente serían implementadas por gobernadores y presidentes municipales de oposición (o de facciones distintas del mismo partido), lo que llevo a la primer gran trasformación de la arquitectura de seguridad, desembocando en la creación de la Policía Federal Preventiva (PFP) en 1999.

Este nuevo cuerpo de seguridad, formado por todas las policías federales (Fiscal, Migración y Federal de Caminos), así como la 3era Brigada de Policía Militar del ejército y la mayor parte de la Infantería de Marina de la Armada fue la fórmula totalmente de estilo rococó para crear una fuerza de la noche a la mañana. Casi en paralelo a esta fuerza ‘preventiva’ (más bien reactiva), en 2001 se creó la Agencia Federal de Investigaciones (AFI).

A las Fuerzas Armadas se les asignó una misión de protección de amenazas externas: Sedena creó el Sistema Integral de Vigilancia Aérea (SIVA) dotado de radares terrestres (antiguos) y un par de radares aerotransportados (nuevos) para vigilar el sureste del país; a Semar se le doto de radares terrestres (nuevos), así como aerotransportados y corbetas misileras (usados) para crear un sistema de defensa de las instalaciones petroleras en el Golfo de México. Por cierto, nada del equipo de segunda mano estaba operativo 10 años después.

Durante el sexenio de Calderón la arquitectura de seguridad evolucionó y los principales cambios fueron el empleo directo de las fuerzas armadas y la cooperación internacional. Para atender la primera se creó en mayo de 2007 el Cuerpo de Fuerzas Federales de Apoyo con 10 mil militares, mismo que paso a receso en diciembre de ese mismo año, tras el único mérito de haber desfilado el 16 de septiembre en camionetas pick-up y con uniformes kaki –fue víctima de las fuerzas políticas que no querían ver un cuerpo de tal dimensión al servicio directo del ejecutivo.

La Armada –discretamente– logro reconstruir su Infantería de Marina y creo en la Unidad de Inteligencia Naval (UIN), probablemente la agencia de inteligencia más profesional y capaz que tiene México –y esto es precisamente por estar aislada del poder político y habilitada para la cooperación internacional. Esto tuvo un costo, pues la Armada sacrifico el desarrollo su capacidad ‘naval’ durante estos años, pero fue acertado.

Por su parte, la PFP se transformó en la Policía Federal (PF) a secas, absorbiendo poderes de investigación y en buena manera cesó el desarrollo de la AFI. La PF creció de manera extraordinaria en este sexenio creciendo de 6 mil a más de 42 mil elementos para 2012.

Peña Nieto prometió una nueva fuerza de seguridad que se convertiría en el instrumento para combatir violencia: la Gendarmería Nacional. Esta ‘fuerza intermedia’ estaría compuesta inicialmente por 10 mil militares –que serían reentrenados para funciones de seguridad pública y con un fuerte componente de derechos humanos– y que para 2018 incrementarían a 40 mil permitiendo el regreso de los militares (regulares) a sus cuarteles. Tras múltiples discusiones la GN se creó con 5 mil plazas como una división de la PF, en donde subsiste relativamente en la obscuridad. Otro cuerpo de seguridad víctima de la ambición voraz y estéril de los arquitectos políticos de Gobernación, hipnotizados por controlar el presupuesto de las prometidas 40 mil plazas federales.

Sí se creó una fuerza intermedia durante este periodo, pero fue Sedena que logro –discretamente– reorganizar su estado de fuerza y mediante la canibalización de unidades regulares, creo 12 brigadas de Policía Militar (unos 36 mil efectivos).

La Armada de México, por su parte, balanceo sus capacidades operativas al reiniciar la construcción de Patrullas Oceánicas, incluyendo la Patrulla Oceánica de Largo Alcance –que le devuelve a México la capacidad de ejercer presencia en Alta Mar, al mismo tiempo que obtuvo el aval legal para establecerse como Autoridad Naval en todos los puertos del país y ejercer como Guardia Costera.

Cabe notar, que tanto Sedena como Semar acertadamente continuaron fortaleciendo sus canales de cooperación internacional –principalmente con Estados Unidos– y se les dio un mandato también acertado para participar en operaciones de paz en el exterior.

Así pues, nos alcanza la historia y nos emparejamos con la Cuarta transformación. La semana pasada el Senado aprobó la reforma constitucional que crea la Guardia Nacional, que será integrada –otra vez– por un popurrí de agrupaciones que incluyen a la Policía Militar (35 mil ), Policía Naval (8 mil ), PF (11 mil) y Gendarmería (4 mil ) y que estará bajo mando estratégico y táctico civil, específicamente del titular de la Secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana.

Tendrá disciplina militar, pero operará bajo marco legal civil. Será un modelo innovador en cuanto a coordinación, por lo tanto, no va a ser sencillo de implementar en campo. Lo más prudente es que cada agrupación continúe operando de manera coordinada pero independiente –juntos, pero no revueltos. ¡Buena Suerte!

*Consultor de la compañía Jane’s en Washington, DC.

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