Aliados militares en la guerra y la paz

Hoy, los niveles de cooperación entre las fuerzas armadas de ambos países están en su mejor momento


México y Estados Unidos eliminaron mutuamente su hipótesis de conflicto bélico desde la Primera Guerra Mundial cuando decidimos ser aliados militares. También en 1942 refrendamos que éramos socios estratégicos al declarar el estado de Guerra contra las potencias del Eje, al participar con una fuerza aérea expedicionaria en las Filipinas y al negociar un acuerdo laboral temporal.

En ese entonces el expresidente Lázaro Cárdenas aceptó comandar la defensa del Pacífico mexicano frente a la amenaza japonesa en coordinación con el ejército americano. El presidente Manuel Ávila Camacho le encomendó al ex presidente una misión terriblemente importante: la defensa de nuestra soberanía sin presión de EUA. En resumen, Cárdenas defendería el territorio nacional frente a Japón y EUA.

Con justas razones los Altos Mandos de la Sedena han desconfiando en diversos contextos de la cooperación con nuestro vecino. El hiper nacionalismo mexicano funcionó por muchos años como parte de la proyección de los intereses de México en el exterior. Durante la Guerra Fría EUA  no presionó demasiado a nuestro gobierno para que se alineara a su tablero geopolítico global porque sabía que le convenía tener un vecino con diálogo abierto con los países no alineados en el mundo y los de izquierda en la región.

Prácticamente durante toda la Guerra Fría, México decidió alejarse de la cooperación militar con EUA en América Latina. Inclusive después de los ataques terroristas del 11 de septiembre Sedena no aceptó la invitación para participar en el Comando Norte para la defensa del territorio y espacio aéreo de Norteamérica. Tampoco apoyamos la resolución de EUA en el Consejo de Seguridad de la ONU que pretendía legitimar el uso de la fuerza contra Irak.

Los dos ejércitos saben cuándo se puede ser aliado en la guerra y cuándo se puede disentir en la geopolítica global.

El fin de semana pasado iban a ingresar por segunda ocasión un contingente de fuerzas armadas mexicanas a EUA para asistir a los texanos damnificados por el paso del huracán Harvey. Afortunadamente no fue necesario porque EUA pudo sortear mejor esta crisis que la del huracán Katrina en 2005.

Por ambas fuentes conozco que el canciller Luis Videgaray y la embajadora Roberta Jacobson coordinaron personalmente la ayuda mexicana para Texas. En esta ocasión el apoyo iba a ser mucho más simbólico que en 2005 porque la devastación fue menor.

Hoy los niveles de cooperación entre las fuerzas armadas de ambos países están en su mejor momento. Lo confirma el hecho que el general James Mattis, secretario de Defensa de EUA, asistirá como invitado de honor al desfile del 16 de septiembre. EUA sabe que la solidaridad de México estuvo presente y que ahora es más importante ayudar a Chiapas y Oaxaca.

 

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