El placer de meter miedo

Ciudadanos de 13 países podrían ser echados a sus mortales lugares de origen si EU no les revoca sus permisos, como ha corrido el rumor


La más reciente muestra de que Donald Trump tiene al mundo tomado por la garganta en el tema migratorio la dio esta semana Pablo Rodríguez, un miembro del parlamento de Canadá que viajó a Los Ángeles específicamente para aclarar que su país no abrirá las puertas a aquellos refugiados a los que Estados Unidos revoque el permiso de Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés).

El TPS es un estatus que designa EU a ciudadanos de 13 países del orbe cuyas condiciones sociales, políticas y de seguridad impiden a los ciudadanos regresar a su país de manera segura, entre ellos, El Salvador (205 mil), Nicaragua (10 mil ), Honduras (30 mil ) y Haití (500 mil ) en América Latina; Guinea, Liberia, Nepal, Sierra Leona, Siria, Somalia, Sudán (norte y sur) y Yemen, que suman tantos.

Se trata de víctimas de guerras y guerrillas; pandillas y narcotraficantes, huracanes y terremotos que de un momento a otro podrían ser echados a sus mortales países si EU no les revoca sus permisos, como ha corrido el rumor desde que en mayo pasado el Departamento de Seguridad Nacional anunció que extendería el TPS para los haitianos sólo por seis meses más.

El gobierno de Trump no fue claro para determinar si daría o no la extensión de 18 meses que usualmente otorga al final de cada periodo y, por tanto, dio a entender que el futuro del programa está en la cuerda floja pues los permisos se vencen entre noviembre de este año y septiembre de 2018.

Sembró así la incertidumbre. Y en consecuencia el terror. La misma estrategia de desasosiego con la que puso a temblar a los 800 mil jóvenes dreamers que llegaron a EU durante la infancia al revocarles en días pasados el programa DACA, que les otorgaba permisos de trabajo y seguro social, y pasarle la decisión final a un congreso que durante años no ha podido legislar al respecto.

La misma inseguridad que perturbó también Canadá, el vecino que ya comenzó a mirarse como segunda opción y blanco de un éxodo masivo de refugiados que miran al país de los refugiados como segunda opción en caso de la cancelación del TPS.
Por eso el primer ministro Justin Tradeu envió a su emisario con apellido hispano para aclarar su postura en Los Ángeles. Rodríguez dijo que si bien Canadá recibe entre 200 mil y 300 mil refugiados al año, todo es dentro de un proceso legal y ordenado.

Aún no hay posicionamiento del lado sur de la frontera ni del resto de los países involucrados. Tampoco condenas ni especulaciones o información sobre posibles planes sobre lo que harían si de un momento a otros les regresan a sus ciudadanos cuya vida pende de un hilo por las condiciones del país.

Y no lo hacen porque la pelota está en la cancha del magnate, tal como a él le gusta porque, después de todo, las mejores victorias y las mejores dictaduras son las que se imponen con mucho miedo y poca sangre. Todavía.

 

Columna anterior: México, ¿a la altura de los dreamers?

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