García Luna: de narcoterrorismo a narco Estado

Lo nocivo será que se confirme y se socialice el que ya podamos hablar de un narcoestado en México

Verónica Malo Guzmán
Verónica Malo Guzmán / Tres en raya / El Heraldo de México

Las repercusiones para México de la detención y próximo proceso judicial que se llevará a cabo en Estados Unidos de nuestro ex Secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, son descomunales. Pero no lo son desde el punto de vista de posturas ideológicas ni de la fortaleza que cobran ciertos grupos políticos frente a otros, como la mayoría hoy debate.
Veamos: ya hasta predecible era que este asunto arreciara la división que existe de por sí entre los convencidos de la bondades de la 4T y de aquellos que añoran la administración calderonista.

Estos últimos denuncian que los primeros se encuentran de fiesta con el anuncio del arresto de García Luna, que no olvidemos que está siendo un logro de las autoridades del vecino del Norte, que las acusaciones solo la sustentan declaraciones de oídas de testigos (algunos de ellos criminales) protegidos, que si EU hasta lo condecoró en algún momento y le concedió residencia permanente en la Unión Americana, etcétera.

Los lopezobradoristas, por su parte, intentan colgarse la medalla; señalan que la derecha mexicana está de capa caída ante el golpe de muerte que ha asestado el gobierno de EU a Felipe Calderón. Dicen, incluso, que el partido político que intenta consolidar junto con su esposa nacerá muerto.
No se trata tampoco de hacer notar el falso puritanismo norteamericano; ese es ya más que conocido. Es decir, todos en el orbe sabemos que los americanos son entes pragmáticos, que igual un día apoyan bandidos, que al otro los destruyen y los llevan a juicio.


Por eso, yo en lo personal, como en casi todo lo que tiene que ver con la política nacional e internacional no me inclino ni por unos, ni por otros, ni por los terceros (los americanos). A mí, de plano, ninguna vertiente me convence.
Todo lo anterior para decir que una lectura, llamémosle más objetiva —creo—, revela lo que es realmente preocupante y que se está dejando pasar desapercibido.


Lo verdaderamente nocivo será que se confirme y se socialice el que ya podamos hablar de un narco Estado en México. De enjuiciarse a García Luna, de seguir un proceso bien fundamentado y conforme a derecho (ciertamente en eso los americanos son mucho más pulcros que los mexicanos) y, sobre todo, de encontrársele culpable, estamos ante el problema que significa tener o haber tenido la conducción del Estado mexicano por parte del narco. De ese tamaño es la cuestión.


Se dibujaría también, entonces, la estrategia estadounidense donde declarar — aunque se pospuso hacerlo— narcoterroristas a ciertos grupos criminales mexicanos es pecata minuta comparado a denominar a nuestra nación (si bien para referirse solo a ciertas administraciones) un narco Estado. No es necesario decir que las implicaciones de lo anterior para México en nuestra relación con Estados Unidos y en la palestra internacional serían enormes.


Así, quiero subrayar que lo que es una presea otorgada por Estados Unidos al gobierno encabezado por AMLO puede convertirse pronto en un enorme lastre si el lopezobradorismo no lo maneja correctamente. ¿Está preparada esta administración federal para tomar el regalo pero deshacerse del veneno que conlleva? No me queda claro.


Por eso, exhorto a que no nos desgastemos internamente en pleitos políticos estériles tipo yo se los dije o es un montaje. Concentrémonos en que se lleve a cabo uno o varios procesos judiciales de la forma más adecuada y en saber si este ex servidor público es un delincuente o no. Luego, entonces, empezará la verdadera pelea contra la gran tragedia de México: ser un narco Estado.

POR VERÓNICA MALO GUZMÁN

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@MALOGUZMANVERO

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