Gabinete invertebrado

En el gabinete hay profesionales probados con la formación suficiente para darse cuenta de que al final del sexenio el gobierno habrá tirado al niño para mantener la bandeja con el agua sucia

Fernando Herrera Ávila / Columna Invitada / El Heraldo de México

El gobierno actual será uno de los más estudiados en el futuro. Las grandes expectativas populares que generó el triunfo de López Obrador y los resultados catastróficos de una administración que se basó en el capricho, el prejuicio ideológico y el populismo serán, sin duda, un diamante en bruto para el análisis.

Junto con el papel del Presidente, los integrantes del gabinete serán parte de las piezas del análisis. ¿Cómo y por qué algunos hombres y mujeres preparados comprometieron su prestigio en una causa personalista, egocéntrica y narcisista? ¿Por qué permanecieron junto a fanáticos y oportunistas en el primer nivel? ¿Por qué emularon a los egresados con honores de la escuela del resentimiento?

En el gabinete hay profesionales probados como los titulares de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y de Hacienda, Arturo Herrera, con la formación suficiente para darse cuenta de que al final del sexenio el gobierno habrá tirado al niño para mantener la bandeja con el agua sucia.

Personajes como Alfonso Romo, jefe de la Oficina del Presidente, y Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores en funciones de vicepresidente, tienen capacidades reconocidas. No pueden ignorar que al final habrá ocurrido exactamente lo que el Presidente acredita al neoliberalismo: nuevos ciclos de concentración de la riqueza, nuevas espirales de corrupción, crecimiento de la desigualdad, ensanchamiento de los abismos sociales entre las regiones y entre lo urbano y lo rural y, a la postre, un agravamiento de los fenómenos de desigualdad, desintegración social, migración, marginación y miseria.

¿Cómo juzgará la historia a Sánchez Cordero, Herrera, Romo y Ebrard? Son quienes podrían orientar al Presidente, el contrapeso de aquellos fanáticos obedientes de la voluntad presidencial, cuya única misión es obtener el oído del hombre que decide por todos. ¿Dirán los historiadores que les faltó la dignidad de Germán Martínez, quien renunció al IMSS, o la Carlos Urzúa, quien dejó la Secretaría de Hacienda por desacuerdos con el jefe del Ejecutivo? ¿Pasarán, como los demás, como fieles invertebrados de un gobierno que llevó al país al naufragio? Ni modo que no vean, con la información disponible, la imposibilidad de alcanzar las promesas escritas en el Plan Nacional de Desarrollo: crecimiento del 6% del PIB, creación de un millón 200 mil empleos por año, disminución de la delincuencia en 50%, autosuficiencia alimentaria en 2021. Los errores del gobierno son demasiado obvios como para que ellos no se den cuenta de la desgracia. ¿Serán cómplices sólo por mantener el salario? ¿Les importará más el salario que la dignidad?

¿Seguirán el camino del subsecretario Hugo López-Gatell, el más popular ejemplo del arribismo político? ¿Mantendrán sus servicios y su ciencia al servicio de ideas mágicas para enfrentar los grandes problemas nacionales? Desde luego, el presente impide la perspectiva necesaria para tratar de responder esas preguntas. Pero el tiempo nos dirá, tarde o temprano, si su única función fue sostener la infalibilidad presidencial. Sería una lástima de talento.

POR FERNANDO HERRERA ÁVILA

VOCERO DEL PAN

@FHERRERAAVILA

eadp

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