Fuego contra fuego

La relación entre México y EU vive alta tensión tensión ante la amenaza impositiva a productos mexicanos

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

En estas horas, la histórica y complicada relación entre México y Estados Unidos vive una de sus etapas más críticas en tiempos recientes. Quizá desde la época de la arbitraria certificación al combate de narcóticos y las tensiones que llegó a provocar en los años 80 y 90, no se había presentado un episodio amenazante para la relación bilateral como el anuncio del presidente Trump de imponer aranceles a los productos mexicanos si no se detiene la migración de indocumentados.

La situación es complicada y políticamente interesante: por primera vez está a prueba la capacidad de convencimiento y negociación del presidente Andrés Manuel López Obrador frente a Donald Trump, ante una decisión unilateral, poco racional y carente de argumentos.

Básicamente AMLO enfrenta en Trump la terquedad y la ausencia de racionalidad que sus adversarios le critican en México ante decisiones como los recortes de presupuesto y personal al Instituto Mexicano del Seguro Social y a los hospitales del sector salud, o la guillotina ciega que en días recientes le pegó con tubo al sector académico y en específico al CIDE.

Es conocido el temperamento y la tenacidad en ambos presidentes. Fuego contra fuego, podría decirse. Como cabezas de sus gobiernos, ¿se sentarán a escuchar razones –una característica que no se le da mucho a ninguno de los dos– y atenderán las sugerencias de sus equipos de gobierno, los mismos que con frecuencia han debido movilizarse para corregir y frenar decisiones erróneas sobre todo en el caso de Trump?

Ayer en Puerto Paraíso, Tabasco, su tierra, López Obrador continuó la estrategia de evitar la confrontación y envió un mensaje al pueblo de Estados Unidos para que no permita que nada ni nadie separe nuestra bonita y sagrada amistad. El gobierno de México es amigo del gobierno de Estados Unidos de Norteamérica. El presidente de México quiere seguir siendo amigo del presidente Donald Trump.

Hasta ahora el discurso conciliatorio no le ha funcionado al presidente López Obrador, de modo que recaerá en los equipos de negociación de ambos países la mayor parte del peso de lo que deberán poner en la mesa para negociar e intentar alcanzar un acuerdo que frene la imposición de aranceles que podrían ser un cuchillazo a distintas industrias, de los aguacateros de Michoacán, a la automotriz nacional.

Detrás de cada crisis hay una oportunidad y esta crisis en la relación bilateral tendría que servir para poner los puntos sobre las íes en aspectos vitales del tema migratorio. ¿Qué desea el presidente Trump? ¿El cierre de las fronteras? ¿Que México pueda hacer más que detener y devolver a sus países a más de 80 mil centroamericanos en los últimos meses?

Como en el tema de las drogas y del tráfico de armas, este es un problema y una responsabilidad compartida. ¿Ambos presidentes entenderán la importancia de esto y de apartarse de decisiones unilaterales? El fuego sólo produce fuego. Ojalá que en ambos quepa la prudencia.

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@WILBERTTORRE

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