Fracaso en seguridad

El camino hacia una mayor seguridad pasa por la reducción de la impunidad

Fracaso en seguridad

La guerra de Calderón contra las drogas es la muletilla que emplean medios de comunicación, analistas, opinadores y hasta algunos académicos para referirse a la Estrategia Nacional de Seguridad 2006-2012. Esa frase se usa casi siempre de modo negativo, porque en el imaginario de la opinión publicada –que no necesariamente coincide con la opinión pública– se dice que la situación de inseguridad y violencia es producto de esa guerra de Calderón.

Pero Calderón dejó de ser Presidente el 1 de diciembre de 2012 y desde entonces tuvimos a Enrique Peña Nieto como responsable del gobierno y de la situación de seguridad del país. ¿Qué cuentas nos va a entregar quien aseguró que resolvería el problema con más inteligencia y menos balazos? Parte de la respuesta la da las ONGs mexicanas.

La semana pasada el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal presentó su estudio Ranking de las 50 ciudades más violentas del mundo 2017, que incluye las 50 urbes de más de 300 mil habitantes con las tasas de homicidios más elevadas del mundo, excluyendo ciudades de países en guerra, como Siria, Irak, Afganistán, Sudán o Ucrania. En 2015 sólo 5 ciudades mexicanas fueron incluidas en esa lista, pero en el ranking de 2017 se disparó a 12, colocando a México en el segundo sitio con más ciudades violentas, sólo detrás de Brasil que tiene 17.

La ciudad que encabeza esa lista negra son los Cabos, en Baja California Sur con una tasa de 111. 33 homicidios por cada 100 mil habitantes, ciudad que es y será un paradisiaco atractivo turístico. La segunda ciudad en la lista es Caracas, Venezuela, con una tasa de 111.19 y que atraviesa por una severa crisis humanitaria; Acapulco ocupa el tercer lugar con una tasa de 106.63; Natal, Brasil con 102.56; y Tijuana el quinto, con 100.77. Además de las ciudades mexicanas ya mencionadas, La Paz, Ciudad Victoria, Culiacán, Juárez, Chihuahua, Obregón, Tepic, Reynosa y Mazatlán, se encuentran en ese triste listado.

Por su parte, el Observatorio Nacional Ciudadano señaló que 2017 fue el más violento en la historia moderna del país, cada 18 minutos una persona perdió la vida por un homicidio doloso. Según estimaciones del INEGI, los costos de la inseguridad ascienden a 229 mil millones de pesos, equivalentes a 1.1% del PIB o 6% del gasto público total que se aprobó para este año.

Hay quienes dicen que Peña Nieto dio continuidad a la estrategia de Calderón. Pero los datos no sustentan esta afirmación: de 2013 a 2017 las detenciones de narcotraficantes por las Fuerzas Armadas cayeron 78%, de acuerdo con una investigación de El Universal. Además, la Policía Federal vio su presupuesto crecer sólo 2.4% en términos reales, mientras que el homicidio doloso creció casi 10 veces esa tasa. Peña revirtió la política de Calderón y México está pagando el costo.

El camino hacia una mayor seguridad pasa por la reducción de la impunidad. De cara a las elecciones presidenciales hay quienes ofrecen dar amnistía a los criminales, como AMLO. Otros prometen retirar al Ejército de la lucha e instaurar comisiones de la verdad para juzgar a los militares, no a los delincuentes como continuamente lo señala RAC. Y otros simplemente no tienen qué ofrecer más que la continuidad y el abandono institucional de este sexenio, como JAMK. Es claro que ninguna de estas opciones apunta hacia la consolidación de instituciones. Pero sí hay una candidata en la boleta que está proponiendo lo que México necesita: un gobierno valiente que no tema luchar por la seguridad de las familias. Ella tiene claro que instituciones fuertes, gobierno decidido y Estado de derecho son la única vía para que México salga de la larga noche de la inseguridad y la violencia. Ella es MZ.

 

POR FAUSTO BARAJAS 
ECONOMISTA Y ESPECIALISTA EN POLÍTICA PÚBLICA

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