Fin del neoliberalismo ¿Y qué sigue?

Sigue el neopopulismo, que consiste, por un lado y como lo estamos viendo, en regalar dinero, sobre todo, a los pobres

Luis Soto / Agenda Confidencial / Heraldo de México

En el marco de los foros de consulta para integrar el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, el presidente Andrés Manuel López Obrador decretó el fin del neoliberalismo que durante 36 años seguiditos marcó el desarrollo –los de Morena dicen que fue subdesarrollo— político, económico y social del país.

Muerto el neoliberalismo, la pregunta que se hacen los observadores y la clase política nacional es: ¿Y qué sigue? La respuesta está a la vista: el neopopulismo, que consiste, por un lado y como lo estamos viendo, en regalar dinero sobre todo a los pobres, miserables y jodidos de este país, que suman más de 60 millones de personas, a través de diversos programas en el campo y en el sector social, que dicho sea de paso son una copia corregida y aumentada de los que operaron los neoliberales. Por otro lado, en el regreso al estatismo corregido y aumentado de las épocas de Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo. No sería extraño que en los próximos meses viéramos algunas estatizaciones y/o expropiaciones de empresas, advierten los catastrofistas.

El objetivo de los neopopulistas es mantenerse en el poder por lo menos los próximos tres sexenios, sin que ninguna fuerza política de oposición les haga cosquillas, por lo que tendrán tiempo suficiente para darle en la madre al país, perdón, para alcanzar la prosperidad, dicen sus promotores.

Así como los neoliberales tuvieron sus caballitos de batallas como Pronasol, Progresa, Oportunidades y Prospera, que fracasaron porque no pudieron combatir la pobreza ni acotar la brecha de la desigualdad sino agrandarla, los neopopulistas de Morena ya revivieron algo muy parecido a la Coordinación General del Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Marginadas (el Coplamar) de José López Portillo, creado para resolver el rezago social. Durante la implementación de este programa imperó la tesis oficial del estado- benefactor, que combatiría la marginalidad mediante apoyos generalizados. La meta: Llevar a cabo acciones para que las zonas rurales contaran con elementos materiales y de organización para lograr una participación más equitativa en la riqueza nacional, además de que los grupos en desventaja alcanzaran una situación de mayor equilibrio.

Ante la crisis agrícola que estalló en el país en los setentas, se dio a conocer en 1980 otro programa complementario: El Sistema Alimentario Mexicano (SAM), cuya estrategia era lograr la autosuficienia en granos básicos, alcanzar mínimos nutricionales para la población y frenar la acelerada pauperización de gran parte de la población rural. Ambos programas fueron un rotundo fracaso. Después vinieron los programas de los neoliberales con los programas ya mencionados, que también fallaron.

¿Tendrán éxito los programas corregidos y aumentados de los neopopulistas para combatir la miseria y cerrar la brecha de la desigualdad? Preguntan los bisoños. La historia demostró que NO son efectivos. Además, los operadores de los susodichos programas en la 4T enfrentan un problemita: su incapacidad.

 

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