Fan ID

Día festivo, día de Rusia. Fuerte lluvia y muchas calles cerradas, sin acceso al Kremlin y la Plaza Roja. ¿Cómo salir a patín de esa telaraña de callejones con el Waze en ruso?

Fan ID

 

Tan pronto llegué a Rusia, dentro del aeropuerto me presenté en el puesto de la FIFA para tramitar el Fan ID. Dos chavos sin uniforme no se esmeraron en lo absoluto, y enviaron a dos colegas bolivianos a ir al día siguiente a otro sitio en el centro de Moscú para obtener la acreditación.

Ellos aceptaron sin poner reparo -no dijeron ni pío-, pero llegado mi turno, apenas apreté tantito, los púberes agilizaron las acciones, y en menos de tres minutos, ya tenía el gafete colgando del cuello.

Esta cosa enmicada te da acceso a los estadios mundialistas, siempre y cuando cuentes con un boleto (los aficionados con Fan ID podrán entrar y permanecer en Rusia durante el periodo que abarca desde 10 días antes del primer partido y termina 10 días después del último encuentro de esta XXI Copa Mundial de la FIFA).

Me pregunté cómo fue posible que con la mano en la cintura estos chicos mandaron a volar a los nobles bolivianos.

Minutos después, al sellar el pasaporte, la oficiala se sorprendió: ¿Visa y Fan ID también?. ¿En qué se contraponen? Pensé, pero a final de cuentas avancé de inmediato para internarme en la fría noche moscovita en busca del anhelado catre para dormir al fin.

La jornada transcurrió con agitación.

Día festivo, día de Rusia. Fuerte lluvia y muchas calles cerradas, sin acceso al Kremlin y la Plaza Roja. ¿Cómo salir a patín de esa telaraña de callejones con el Waze en ruso? Providencialmente, aparecieron dos colegas de la página futbolera de Mediotiempo para ayudarme con la aplicación de Google Maps, y llegar al Río Moscova, que parecía una inmensa tina de aguas revueltas.

El dios Eolo se hacía presente mientras futureaba sobre la crudeza, y la crueldad de un invierno en estos lejanos lares. Todo este mitote se debió a que dejé los tacuches en México, y era menester comprar sacos para los programas de ESPN.

El día anterior me había salvado mi querido amigo y compañero Ciro Procuna, pero como su caja es mayor que la figura de novillero de este cronista, tuvimos que sujetar bien la parte trasera con un gancho, de esos que se utilizan para afianzar las micas de los reflectores.

Con un par de sacos nuevos a la medida, uno azul rey y otro gris perla, estoy listo para capotear las embestidas de esta nueva experiencia en lo humano y lo profesional.

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