Esto no es un juego

A partir de la gestión de Claudia Sheinbaum, se miden los índices de concentración de este tipo de sólidos

Jesús Martín Mendoza  / Ojos que sí ven  / Heraldo de México
Jesús Martín Mendoza / Ojos que sí ven / Heraldo de México

Por primera vez en casi 30 años de programas y estrategias anticontaminantes, los habitantes de la Ciudad de México hemos sido convocados, en la medida de los posible, a permanecer dentro de nuestras casas y evitar a toda costa respirar el aire de la zona metropolitana del valle de México.

Los casi 100 incendios que se han detectado en las cercanías de esta gran ciudad, aunado a un sistema de ausencia de vientos, han provocado una elevación sin precedentes de la contaminación por partículas suspendidas 2.5 micrómetros.

Hay que reconocer que, a partir de la administración de Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno, se miden y se publican los índices de concentración de este tipo de sólidos dispersos en el aire que respiramos.

Ésta es la pregunta: ¿cuántas veces se alcanzaron estos mismos niveles de contaminación por partículas PM 2.5 sin que lo supiéramos, ante la ausencia de tecnología para medirlas?

En los años 70 descubrimos que el plomo que se adicionaba a las gasolinas provocó incontables casos de saturnismo; un envenenamiento por sulfato de plomo que produce anemia y, en consecuencia, una severa hipoxia. El mundo nos conocía como los los hombres de plomo.

Con el cambio de tecnologías y las primeras acciones en favor del medio ambiente, el plomo es parte de la historia. Hemos lidiado con monóxido y bióxido de carbono, con los compuestos de azufre, con óxidos de nitrógeno, con los bencenos y los precursores de ozono, pero ésta es la primera vez que las partículas suspendidas son un verdadero peligro; sin temor a equivocarme, el peor en la lucha contra los contaminantes ambientales.

Ricardo Torres, investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, nos explicó que el tamaño de estas partículas es tan pequeño que entran al torrente sanguíneo a través del intercambio gaseoso en los alveolos pulmonares. Estas partículas, que pueden ser de cualquier cosa, producto de todo tipo de combustión, se alojan en pulmones, hígado, riñones, corazón y cerebro.

Ésa es la razón por la cual no debemos exponernos a las altas concentraciones de PM 2.5 porque en los próximos 10 o 15 años se incrementará significativamente el riesgo de padecer cáncer de pulmón, uno de los más agresivos conocidos y con una alta capacidad metastásica.

El pedir que los niños no salgan de sus casas con la suspensión de clases no es juego. Es una decisión que busca proteger a la población de efectos adversos con el paso de los años. El reto es combatir a los precursores de estas partículas, pero ¿cómo podremos lograrlo, si para ello es necesario detener la movilidad, la industria y cualquier tipo de combustión? Estamos en un callejón sin salida.

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CORAZÓN QUE SÍ SIENTE: Circulan totalmente impunes vehículos de carga del Servicio Público Federal, microbuses chatarra y metrobuses con su contaminación ostensible sin que alguien los detenga. Ellos son los responsables. Autoridades, ¿cuándo presentan su plan?

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@JESUSMARTINMX

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