Están destruyendo nuestra alcaldía

Ni Cuauhtémoc ni su gente pueden ser víctimas de las marchas que, indiscriminadamente, rompen, queman y aplastan

Ana J. Villagrán / Consejal de la Alcaldía Cuauhtémoc / Opinión Editorial
Ana J. Villagrán / Consejal de la Alcaldía Cuauhtémoc / Opinión Editorial

Sabemos que las marchas en la ciudad son un tema denso, digno de debate y en el que siempre más de uno termina enojado. Han existido y existirán cuando nos hayamos ido.

La CDMX es conflicto, centro de las actividades políticas, empresariales y sociales más importantes del país, y punto de reunión cuando alguien quiere ser escuchado.

Las marchas son pasión, encuentro, motivo y origen, pero también son —en muchos y lamentables casos— violencia, desorden, destrozos y pérdidas económicas, patrimoniales y de seguridad física y emocional.

Es así como nos encaramos al origen de las marchas y lo que dejan tras ellas. ¿Hay respuestas? ¿Hay soluciones? ¿O son sólo una explosión de emociones reprimidas por la incompetencia de gobernantes?

No estoy diciendo que las marchas sean malas, pero son, como tal, una gran incógnita de la vida y desarrollo de la ciudad, y en mi particular punto de vista, de Cuauhtémoc.

Nuestra alcaldía, centro de la ciudad y de todo México, es punto neurálgico de esta explosión cotidiana de problemas sin resolver, por lo que resulta justo cuestionar y evidenciar que lo que no solucionan la ciudad ni el gobierno federal, resulta en perjuicio de las y los habitantes, comerciantes, inversionistas, turistas y habitantes de Cuauhtémoc.

Por decir algo, la marcha feminista que dejó pérdidas de entre 10 y 13 millones de pesos —sólo restaurar el Ángel y destrucción en el Metrobús y de decenas de establecimientos que encontraron a su paso, indica que el costo fue superior— nos motiva a pensar. Como mujer entiendo, si cada que me he sentido agredida en la calle, el transporte o la oficina hiciera un grafiti o rompiera algo, y así todas las capitalinas, está ciudad estaría en ruinas. No podemos pedir el fin de la violencia ejerciendo más violencia.

Lo mismo ocurrió con la marcha por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, más exigencias, más destrozos, ninguna respuesta pertinente. Y qué decir con la manifestación del 2 de octubre y la terrible idea del Cinturón de Paz, que puso en riesgo a trabajadores del gobierno, a los que no les pagan para ser un grupo de contención ni menos de detención de vándalos que no entienden la esencia de un movimiento que buscaba transformar el gobierno, desde la participación ciudadana, no desde la destrucción.

Por eso desde Cuauhtémoc, lo digo claro, la incompetencia a la hora de tomar decisiones nos está costando dinero. En la undécima sesión del Concejo de la Alcaldía y, de manera muy respetuosa pero directa, pedí a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum: ponte a trabajar que están destrozando nuestra alcaldía.

Ni la Cuauhtémoc ni su gente pueden seguir siendo víctimas de las marchas que, indiscriminadamente, rompen, queman y aplastan lo que para muchos es producto de años de trabajo. Eso no merecen nuestros gobernados ni la gente que confía para invertir en un patrimonio.

Podemos hacerlo mejor, con marchas en orden que promuevan la paz y, al mismo tiempo, recuerden al gobierno las deudas pendientes, pero sin destruir la demarcación.

POR ANA J. VILLAGRÁN

CONSEJAL DE CUAUHTÉMOC

@ANAJVILLAGRAN

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