Estado de enfado

Existe malestar porque se sigue privilegiando a la política por encima de los resultados

Luis David Fernández Araya / Economista / El Heraldo de México
Luis David Fernández Araya / Economista / El Heraldo de México

Hay algo fuerte que la sociedad mexicana manifiesta de distintas formas, se puede traducir en enojo, en molestia, en hartazgo. La sociedad está apretando los dientes de coraje, tiene la mirada encendida porque sabe que damos un paso para adelante y dos para atrás, sabe que no estamos avanzando. A diario, la realidad nos lo grita en la cara. De mil formas.

Lo vemos de manera permanente, representando en esa lamentable escena de la familia de Norberto Ronquillo, que denota el desdén y abandono de quienes juraron hacer valer las leyes y aplicarlas. Hay un sentimiento de abandono, casi de orfandad que se ha postergado por muchos años, y cuando parece que todo vuelve a la calma, surgen secuestros, asesinatos a periodistas, robos (en el mejor de los casos) a peatones, a comerciantes, a restaurantes en pleno servicio, personas víctimas de balas perdidas, que no se pueden solucionar a fuerza de tuits, y eso termina por enojarnos más.

Estamos enojados por la danza de las cifras en los medios, por la guerra de estadísticas entre gobernantes, donde se privilegia mejorar la cifra y no la seguridad. Esto contrasta con el llamado que muchos hacen en diversas trincheras que nos dicen que debe privar la civilidad, el diálogo, el respeto, la tolerancia; todos estos valores necesarios, pero complicados en su aplicación, en su vigencia, cuando lo que predomina es la zozobra de salir a la calle y no saber si regresarás.

Los vientos que soplan son de cansancio y molestia; es difícil decir lo contrario, cuando se espera una reacción seria de parte de los responsables de la seguridad y escuchamos porras, odas, frases responsabilizando todo lo que huele a pasado. Estamos enojados y preocupados, se siente el ambiente polarizado, nos miramos con desconfianza, existe un sentimiento de abandono por todos lados, a ser víctimas de la inseguridad, a no denunciar porque nunca pasa nada, a engrosar la cifra negra, abandonados y enojados por la falta de protocolos precisos para la búsqueda de personas.

Existe malestar porque se sigue privilegiando a la política por encima de los resultados, importa más el próximo cargo, la próxima elección, estar bien con el de arriba, y mientras eso pase, la sensación de molestia e inseguridad prevalecerá.

Este tema supera el debate entre izquierdas o derechas, entre modelos económicos, va más allá de ideologías; se trata de resultados, de devolver la confianza a la gente, a la calle, a la cotidianidad, porque sólo ahí es donde se mide la capacidad de gobierno, en las políticas públicas reales.

LUIS DAVID FERNÁNDEZ ARAYA

COLABORADOR

@DRLUISDAVIDFER

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