Esclavitud moderna en Líbano

A través del sistema “kafala”, las mujeres viajan a ese país apoyadas por un supuesto “patrocinio”

Alejandra Martínez/ Columnista de El Heraldo de México.
Alejandra Martínez/ Columnista de El Heraldo de México.

Atraídas por la imagen de una economía próspera en el Oriente, miles de mujeres emigran a Líbano con el propósito de trabajar, pero la mayoría termina atrapada como esclavas domésticas o víctimas de trata de personas.

Líbano tiene a penas seis millones de habitantes, de ellos 250 mil son inmigrantes, la mayoría son mujeres originarias de Etiopía, Kenia, Costa de Marfil, Camerún, Sudán, Sri Lanka, Filipinas y Bangladesh.

A través del sistema kafala, las mujeres viajan a ese país apoyadas por un supuesto patrocinio que las hace víctimas de trabajo forzado.

Debido al kafala, la residencia legal de estas migrantes depende de que tengan una relación contractual, y no pueden cambiar de empleador sin el permiso de su patrón.

Esta relación de desventaja ha provocado que las empleadas domésticas aguanten todo tipo de atropellos por miedo ser expulsadas del país y que su empleador sea prácticamente su dueño.

Durante años, organizaciones no gubernamentales han documentado y denunciado abusos que en algunos casos han terminado en suicidios. Hace unos días, Amnistía Internacional (AI) pidió al nuevo gobierno de Líbano poner fin a los terribles abusos que sufren las trabajadoras domésticas migrantes.

A través del informe Su casa es mi prisión: explotación de las trabajadoras domésticas migrantes en Líbano, la ONG habló con 32 mujeres que narraron el horror vivido.

Los testimonios detallan jornadas de trabajo de las 5:00 horas hasta media noche, los siete días a la semana; prohibiciones de salir a la calle o hablar con otras personas, golpes, restricción de alimentos, reducciones de sueldo, insultos y agresiones sexuales.

No se me permitía hablar con nadie. Si abría la venta para saludar a otras filipinas, ella (su empleadora) me tiraba del cabello y me golpeaba. Me tuvo tres años encerrada en la casa. No salí nunca, narró una de ellas.

Según la ONG KAFA (Ya basta), a nueve de cada 10 trabajadoras los patrones les quitan su pasaporte al llegar a Líbano para evitar que traten huir.

Se estima que hay unas 600 agencias que se encargan de reclutar a asiáticas y africanas que llegan a ganar un salario de entre 100 a 300 dólares mensuales en Líbano.

Heba Morayef, directora de AI para Oriente Medio y el Norte de África, denunció que estas mujeres son tratadas con desprecio y absoluta crueldad.

Por ello no sorprende la ola de suicidios de mujeres migrantes… medios libaneses han presentado videos de empleadas lanzándose al vacío o colgándose de árboles.

Según la agencia IRIN News, en promedio, dos empleadas migrantes mueren a la semana en Líbano por causas no naturales.

El nuevo ministro del Trabajo, Camille Abousleiman, ha prometido reformas para proteger los derechos de estas mujeres que ni siquiera están consideradas en la ley del trabajo. El camino es largo, en un país considerado como profundamente racista.

Por ALEJANDRA MARTÍNEZ

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