Entre la tregua y la desesperanza

Mientras países como España hacen una pausa a los ataques, en México no hay ni tregua ni empatía con los empresarios

Alfredo González Castro / A fuego lento / El Heraldo de México

Hace unos días tuve oportunidad de conversar con mi colega Miquel Molina, director general adjunto del periódico La Vanguardia, de España, y a propósito de la crisis provocada por el COVID-19 me comentó que muchos sectores de su país decidieron establecer una tregua en sus ataques contra el gobierno.

De manera voluntaria y espontánea, diversos actores, incluido su periódico, optaron por bajarle a la crítica, a los cuestionamientos y al golpeteo político, porque lo importante es enfrentar juntos la mayor crisis sanitaria de los últimos tiempos.

Ya habrá otros momentos para cuestionar por todo lo que se ha hecho mal y pasar la factura, palabras más, palabras menos, es el sentir de importantes sectores de España.

Parte de la tregua se vio reflejada el pasado 15 de marzo cuando todos los periódicos de aquel país amanecieron en sus primeras planas con la leyenda #EsteVirusLoParamosUnidos. No fue una acción espontánea, fue producto de una conversación entre los directivos de medios de comunicación y la autoridad.

El gobierno español impulsó y financió una campaña de bien público. Algo así como pauta oficial bien entendida en tiempos de crisis, reportaron medios especializados.

En México, según las autoridades, lo peor de la pandemia está por llegar, y no se ve, ni por asomo, la intención, ya no de armar una campaña en medios, sino de llamar a la unidad para cerrar filas y juntos enfrentar la inevitable crisis económica, social y política que dejará el coronavirus. Por el contrario, lo que vemos todos los días son llamados que polarizan, que desmotivan y siembran una estela de incertidumbre.

Por ejemplo, en relación con los empresarios, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha reiterado su negativa para otorgar rescates, estímulos fiscales o condonación de impuestos. Su gobierno se enfocará en ayudar a los más necesitados, con dádivas, disfrazadas de apoyos económicos, pero, hasta ahora, no existe ningún mecanismo para la iniciativa privada.

A los hombres que convocó a Palacio Nacional para pedirles adquirir boletos de la Lotería, para la rifa del avión presidencial, los está dejando que se rasquen con sus propias uñas. Nada de rescates al estilo neoliberal ni condonación de impuestos a las grandes empresas, declaró en una de sus mañaneras.

No sólo eso, reiteró lo que es de todos sabido: el dinero público será para su voto duro disfrazado de ninis, adultos mayores y otros sectores que desde el pasado y el presente han sido botín político.

Pero no todo está perdido. Muchos tienen la esperanza de que el domingo, en su informe-anuncio, el Presidente corrija el rumbo y su plan de rescate incluya estímulos económicos para empresas y, sobre todo, un mensaje a la unidad y reconciliación que tanto falta en este momento.

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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: La esperanza es el sueño del hombre despierto.

POR ALFREDO GONZÁLEZ
ALFREDO.GONZALEZ@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@ALFREDOLEZ

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