Entre hombricidios, objeciones de conciencia y personajes ilustres

El Bronco, arrepentido, prometió a los ciudadanos trabajar arduamente para recobrar su confianza y levantar la popularidad

Ivonne Bustos Paredes/ Diputada local de Nuevo León/ Columna invitada
Ivonne Bustos Paredes/ Diputada local de Nuevo León/ Columna invitada

En las últimas semanas Nuevo León ha sido foco de atención nacional por diversas situaciones polémicas: primero, la posible destitución del mandatario estatal, Jaime Rodríguez Calderón, alias El Bronco, quien enfrenta un proceso de sanción en el Congreso del estado, derivado del desvío de recursos de la administración estatal hacia su campaña presidencial como candidato independiente, en las elecciones de 2018.

En este proceso, el gobernador ganó una importante batalla cuando el todavía en ese entonces ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Eduardo Medina Mora, le otorgó, horas antes de su partida, una suspensión provisional sobre la sanción que está por decretar el Congreso.

Y aunque el proceso continúa, no se podrá aplicar dicho castigo, salvándole así el cargo al gobernador, mas no la reputación.

El Bronco, arrepentido, prometió a los ciudadanos trabajar arduamente para recobrar su confianza y levantar la popularidad, que hoy lo coloca como el peor gobernador del país; sin embargo, ese espíritu renovador duró hasta la reciente declaración, en la que acuñó un nuevo término digno de la Real Academia Española. Tal como lo hiciera Santiago Creel con el sospechosismo, El Bronco, ante los cuestionamientos de la prensa sobre la cifra de feminicidios que va en aumento en Nuevo León, recetó que así como se habla de feminicidios, se tiene que hablar también de hombricidios. Sí, así como lo leé, hombricidios. Ante la insensibilidad y conocida trayectoria de expresiones misóginas de El Bronco, la declaración provocó el repudio público, por lo que tuvo que corregir y disculparse por sus broncodeclaraciones.

El hombricidio asesinó también la buena de su gobierno que vetó la reforma a la Ley de Salud, que crea el concepto de objeción de conciencia, para dar derecho a médicos y personal de efermería a aludir a esta figura, para negarse brindar servicios que vayan en contra de sus principios, creencias o idiosincrasia.

Esta reforma requiere un párrafo adicional que garantice el derecho a la salud para todas las personas, a través de la obligatoriedad de que haya en todos los hospitales y todos los turnos, personal no objetor. Los grupos ultraconservadores que abanderan las causas de la moral y las buenas costumbres de Nuevo León, siguen negándose a esta posibilidad y piden a gritos la santa inquisición para los impuros.

Hablando de radicales, el diputado Gerardo Fernández Noroña, que defendió a los valientes que propiciaron la muerte de Eugenio Garza Sada, recibió un gancho al ego por parte del Congreso de Nuevo León, que colocó en letras áureas el nombre del empresario regiomontano en el muro de honor de ese recinto legislativo. Noroña continuará con su estatus de non grato, mientras que don Eugenio permanece homenajeado e ilustre.

POR IVONNE BUSTOS PAREDES
@BUPI



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