Entre el terror y la apatía

En el macrosimulacro de ayer, se percibió menos participación que el año pasado para activar los procedimientos de Protección Civil. La apatía nos atrapó

Jesús Martín Mendoza / Ojos que sí ven / Heraldo de México
Jesús Martín Mendoza / Ojos que sí ven / Heraldo de México

Los mexicanos tenemos muy arraigado el temor a la muerte, pero sobre todo a la forma en la que sobrevendrá.

El mayor terror de los habitantes de la Ciudad de México es morir bajo toneladas de escombro de la propia vivienda, escuela o lugar de trabajo, y ese miedo sólo se explica por el estrés postraumático que quedó evidenciado con el simulacro de ayer.

Muchas personas, a pesar de conocer que se realizaría en todo el país un macrosimulacro, presentaron cuadros de depresión, terror, miedo y ansiedad que tuvieron que ser atendidas. A través de redes sociales, algunos seguidores me han externado que lo que más impacto les provoca no es el sismo en sí, sino el sonido de la alerta sísmica. Ese sonido fue seleccionado por el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (Cires), una asociación civil que en 1991 puso en funcionamiento este sistema de alertamiento activado por una serie de sensores colocados en la costa del Pacífico mexicano. Hoy en día los sensores que detonan la alerta sísmica se extienden desde Michoacán hasta Chiapas, en Veracruz y hasta el estado de Puebla.

Desde un principio el sonido de la alerta sísmica ha sido el mismo; fue elegido porque su diseño no compite con otros sonidos de la contaminación auditiva de la Ciudad de México y debido a su frecuencia es fácilmente distinguible a grandes distancias. En febrero de 2018, varios colectivos solicitaron de manera formal al Cires el cambio del sonido de la alerta sísmica a uno que provoque menos miedo que el que actualmente se conoce.

En ese entonces, Fausto Lugo, secretario de Protección Civil del Gobierno de la Ciudad de México, me explicó en entrevista que el sonido de la alerta sísmica no será cambiado debido a que cumple perfectamente con su función, avisar y alertar de la inminencia de un sismo. Nos explicó que otros sonidos de alertamiento sísmico en el mundo son igual de perturbadores que el que tenemos en México y se trata de que la gente lo identifique y realice los procedimientos de desalojo lo antes posible.

Ayer que se realizó el macrosimulacro en todo el país, en particular en la Ciudad de México, me preocupó constatar menos participación que el año pasado para activar los procedimientos de protección civil. Aun cuando el espantoso sonido inundaba las calles de la ciudad, la gente dudaba si salir o quedarse, si hacer el ridículo o mostrar su conocimiento sísmico. Tristemente la apatía nos atrapó otra vez.

La naturaleza nos avisa, la conciencia nos impulsa, pero lamentablemente la falta de confianza nos congela. Participemos en simulacros, es la única forma de saber qué hacer para salvar la vida.

Corazón que sí siente: ¿Acaso no se dan cuenta de que Justin Trudeau, primer ministro canadiense, hace algo estrafalario cuando baja su popularidad? Hace unos años se disfrazó de Superman, ahora se pintó la cara de marrón.

Logró su objetivo. Para bien o para mal ya es viral una vez más.

POR JESÚS MARTÍN MENDOZA

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@JESUSMARTINMX

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