Enrique Alfaro, el arte y la ilegalidad

Alfaro ha legalizado la ilegalidad en Guadalajara para crear un fondo de 48 millones de pesos destinado a apoyar artistas, pero el manejo de ese dinero es opaco

Enrique Alfaro, el arte y la ilegalidad

Enrique Alfaro Ramírez es hoy presidente municipal de Guadalajara y tiene la mirada puesta en ser gobernador de Jalisco. De 44 años, inició su carrera política, como muchos otros, en el PRI. Hoy es, por mucho, el personaje de mayor peso dentro del raquítico elenco político de Movimiento Ciudadano. Dante Delgado Ranauro, el dueño del partido, tiene sus esperanzas puestas en Alfaro para dar el salto a ser un verdadero protagonista nacional y conservar el registro que le garantiza financiamiento público por encima de los 322 millones de pesos.

No habrá que perderle la pista a Enrique Alfaro, porque en este momento no hay nadie que se interponga en su camino para ser gobernador de Jalisco. Lo digo porque Alfaro ha legalizado la ilegalidad en Guadalajara para crear un fondo de 48 millones de pesos destinado a apoyar artistas, no necesariamente jaliscienses. Pero eso no es todo. El manejo de esos 48 millones es opaco, poco claro, por decir lo menos. Le cuento.

Como ocurre -por desgracia- en muchas ciudades de México, Guadalajara ha vivido la anarquía y la corrupción de constructores y autoridades. Se otorgaron permisos a empresas que terminaron construyendo más pisos de los permitidos y violando en uso de suelo. Cuando la administración de Alfaro detectó el problema, amenazó con sancionar a los responsables, funcionarios y empresarios, demoler los pisos construidos de más y hacer respetar los usos de suelo.

Evidentemente, los empresarios protestaron y Alfaro les ofreció un arreglo. Legalizó lo ilegal. A cambio de no destruir lo construido fuera de reglamento, las empresas tuvieron que pagar una cantidad al Municipio de Guadalajara. Un arreglo muy conveniente para los desarrolladores, quienes en lugar de perder algunas decenas de millones de pesos pagaban unos cuantos millones a la ciudad y asunto arreglado. Todos ganaron. Con ese dinero, Alfaro juntó 48 millones de pesos y los destinó el programa de Arte Público de Guadalajara. Si ya de por sí legalizar lo ilegal estuvo mal, el manejo del fondo deja muchas dudas.

La primera ‘obra monumental’ aprobada por Alfaro fue una horrorosa pieza del escultor Pedro Escapa. Un bolígrafo hecho de acero y cemento aligerado de unos 5 metros de altura -no le veo lo monumental-, que costó 1 millón 300 mil pesos.

La segunda ‘obra monumental’ de Enrique Alfaro es una cabeza trepanada llamada Árbol adentro. Es de bronce, mide cuatro metros de altura y dentro tendrá plantado un árbol. El autor es el cubano José Fors, vocalista de un grupo de rock y artista plástico que apoyo a Alfaro durante su campaña electoral. ‘La macetota’, como ya se le llama popularmente a la obra, costará ni más ni menos que cuatro millones y medio de pesos.

Pero donde Alfaro no se midió fue con Sincretismo, otra escultura ‘monumental’ (apenas mide nueve metros) que despertó la furia cristera tan arraigada en Guadalajara. Se trata de una pieza de Ismael Vargas que funde en una sola la imagen de la Virgen de Guadalupe y la Diosa azteca Coatlicue. Además, tuvieron el mal gusto de colocarla frente a una iglesia católica y costó cinco millones 200 mil pesos. El excardenal Juan Sandoval Íñiguez afirma que esa lámina recortada es un insulto para los católicos y pidió que sea retirada. Ya hubo marchas y 15 mil firmas en contra.

Enrique Alfaro declaró: digan lo que quieran. El programa de arte urbano continuará. ¿Ése quiere ser gobernador? ¿Seguirá legalizando lo ilegal para conseguir fondos que podrá manejar a su antojo? ¿Seguirá viendo monumental lo que apenas es ordinario?

 

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