En recesión

El problema económico no es semántico, es una realidad que se traduce en menos confianza

Juan Carlos Romero Hicks / Opinión El Heraldo / Editorial
Juan Carlos Romero Hicks / Opinión El Heraldo / Editorial

Después de que el Inegi actualizó sus datos y tras las declaraciones del Banco de México (Banxico) respecto a que el crecimiento del país para 2019 será entre -0.2 por ciento y 0.2 por ciento, funcionarios del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador iniciaron un debate sobre las definiciones de recesión y crisis, como si la economía se pudiera resolver o justificar con un error semántico.

La realidad es que las cosas van bastante mal en materia económica y que, desde el error de diciembre a mediados de la década de los 90, no se había visto un inicio de sexenio peor que el actual.

Hace más de una década que Banxico no pronosticaba en negativos y, técnicamente, sumar dos o más trimestres sin crecimiento se le llama recesión.

Y más allá de usar o no la palabra, las consecuencias son evidentes y responden a malas decisiones por parte del gobierno.

Las promesas de crecimiento de 6, 4 y 2 por ciento se quedaron muy lejanas de la realidad, y es justo ahí donde se nota el precio de las ocurrencias y de las decisiones tomadas sin sustentos técnicos adecuados.

Parecía sencillo cancelar el aeropuerto de Texcoco y perder por ello más de 120 mil millones de pesos, además de lo que costará construir el que estará en Santa Lucía y la pérdida de confianza en México que generó la cancelación.

Parecía sencillo combatir el robo de gasolina desabasteciendo los ductos, pero, con ello, se paralizaron los estados de la República más productivos. Esto muestra que todo tiene consecuencias.

La recesión es sólo un término para definir técnicamente lo que vivimos y vemos todos los días. La informalidad económica alcanzó los 31.2 millones de personas en septiembre, la industria de la construcción ha caído 10 por ciento, el desempleo sigue creciendo y la Inversión Fija Bruta cayó 9.1 por ciento.

También hemos perdido turismo, inversión extranjera y ha aumentado el riesgo-país.

Otros factores que confirman el mal desempeño económico son la renuncia de Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda, y los presupuestos clientelares (y prácticamente sin inversión) que ha aprobado Morena, tanto para 2019 como para 2020 en la Cámara de Diputados.

Además, la opacidad en el gasto abre la puerta a la corrupción y los programas sociales prioritarios del presidente López Obrador no tienen reglas de operación ni padrones transparentes de beneficiarios. El problema con el desempeño económico no es semántico, es una realidad que se traduce en menos confianza, en menos inversión, en menos empleos y en menos oportunidades.

Las cifras macroeconómicas no siempre reflejan un cambio en la vida cotidiana de los ciudadanos, pero las recesiones y las crisis siempre nos afectan a todos, y principalmente a las personas más vulnerables.

Las calificadoras internacionales ya han declarado que México está en recesión y lo que importa ahora es que el gobierno reaccione y recapacite en muchas de sus decisiones, porque el camino que tomaron, simplemente, no está funcionando.

POR JUAN CARLOS ROMERO HICKS

DIPUTADO FEDERAL Y COORDINADOR DEL PAN

@JCROMEROHICKS

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