En peligro, bosques y patrimonio cultural

Las alertas se dan aun sin parar el riesgo de los incendios forestales

Guadalupe González / Nuevos entornos / Heraldo de México

Mientras la pérdida es global, la información del creciente daño de bosques y patrimonio cultural se registran localmente, se mantiene un día o por horas en los espacios de información. La costumbre de conocer de esta tragedia que amenaza la biodiversidad ya está ahí. Se da por hecha, salvo en ocasiones cada vez más graves.

En el corredor biológico mesoamericano la preocupación crece en las dos direcciones afectando la estadística latino-caribeña y de América del Norte. En dos años se han sufrido incendios forestales graves generando alarma en Nicaragua, Honduras, Guatemala, Panamá, Costa Rica, Belice y El Salvador. En México ha tenido graves pérdidas forestales en los bosques de la Primavera en Jalisco y de los Dinamos de la CDMX en la última semana.

Según el estudio publicado en 2011 por la Fundación alemana Friedrich Ebert, alrededor de 22% de los bosques del mundo se ubicaban en El Caribe y América Latina al inicio de esta década. Albergan diversidad de especies, corredores, hábitats y poblaciones.

La afectación o capacidad de recuperación ante el problema se conocerá de forma preliminar pronto. El balance del primer quinto del siglo XXI se sabrá en los resultados de los censos que finalizan en 2020, cuando los expertos están consternados, porque las pérdidas no cesan.

Los recursos y preparativos son insuficientes ante eventos impredecibles que están en la proyección de los expertos. Ocurre cuando las noticias sobre las pérdidas por incendios en la región mesoamericana y el incendio de la Catedral de Notre Dame en París nos vuelven a recordar la necesidad de fortalecer la acción humana ante el deterioro del patrimonio cultural.

Más rápido se distribuye la información por medios digitales e impresos, que llega la ayuda, solidaridad y capacidad técnica para responder a la pérdida forestal y de patrimonio. Las alertas se acentúan sin parar el riesgo de los fenómenos naturales, errores, accidentes o descuido humano.

Las comunidades locales reaccionan y participan en la recuperación. Además, se requiere de acervos, especialistas en archivos y áreas de conocimiento en las zonas afectadas, que no han sido fortalecidas en la administración pública y la educación intercultural y multidisciplinaria.

Combinar los nuevos saberes y tradicionales con el quehacer de trabajadores, artesanos de los oficios y profesiones en cuestión. Expertos del campo y la ciudad, agricultores, botánicos, biólogos, veterinarios, restauradores, sociólogos, antropólogos, historiadores, y artes específicas. Que se documente y comuniquen los procesos, se generen nuevos acervos disponibles y de acceso general.

*Catedrática

Por GUADALUPE GONZÁLEZ

@GUADALUPEGONZCH

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