¿En EU es posible la social democracia?

La solución está en volver a dar al Estado su papel de regulador y devolverle ciertas funciones públicas que permitan una mayor equidad social

Pedro Ángel Palou / El Heraldo de México

¿Ganará la nominación demócrata Bernie Sanders? ¿Podrá ganarle a Donald Trump? Esas preguntas nos hacemos todos, particularmente los electores en estos días de primarias.

Un buen porcentaje ha pensado en optar por un moderado, Mayor Pete o la senadora Amy Klobuchar. Biden se ha ido abajo (Carolina del Sur y otros estados aún le pueden dar oxígeno), igual que Warren. Bloomberg se resiste a desaparecer y dará lata. Pero la pregunta esencial, creo yo, es lo que piensan en EU aún hoy que es el socialismo. Si se enfrenta con Trump, esa será la acusación. Aún más: comunismo.

En su libro póstumo Tony Judt hizo un balance de la realidad lacerante del capitalismo actual y su crisis definitiva después de octubre de 2008. Desde finales de los 60 —pero sobre todo en la década de los 90 en América Latina— creímos a pie juntillas en los ideales del neoliberalismo: un estado pequeño, el mercado que se autorregula, la privatización de todas las empresas públicas.

El FMI, incluso, dictaba una política financiera que impedía cualquier mecanismo cercano a lo que en Europa se llama estado de bienestar: amplias subvenciones en educación, seguridad social, salud pública y manejo del ahorro de los pensionados.

Se privatizaron —en muchos países— la energía, las telecomunicaciones, incluso el agua. Se redujeron drásticamente gastos en salud y educación, y se privatizó, también, el ahorro de los trabajadores (las Afores en México siguiendo el modelo chileno, por ejemplo).

Pero no hubo un premio social a este esfuerzo y la brecha entre ricos y pobres aumentó radicalmente, con el conflicto aún más ampliado porque el acceso a los bienes universales se hizo casi imposible para clases populares, debilitando incluso la clase media.

Sin embargo, el capitalismo mundial siguió su curso y la crisis financiera de 2008 nos obligó a repensar el modelo. Por eso el libro de Judt es esencial, ya que se preguntaba qué es lo que hicimos tan mal. La consecuencia ha sido esa brecha entre ricos y pobres y, sobre todo, el enorme egoísmo social que trae consigo.

La solución está en repensar la socialdemocracia. En volver a darle al Estado su papel de regulador y a devolverle ciertas funciones públicas que permitan una mayor equidad social. Es decir, Bernie Sanders o incluso Warren.

Urge replantear el modelo de este capitalismo que, aparentemente, llegó para quedarse, pero no puede ser tan abusivo y, además, excluyente. Unos datos para, como diría Monsiváis, documentar nuestro optimismo. En 1968, el director ejecutivo de General Motors ganaba 66 veces más que la media de sus empleados. En 2005 la diferencia de ingresos entre un empleado medio de WalMart y su máximo directivo estaba en una escala de uno a 900.

¿Escalofriante? La izquierda tiene un papel central en la defensa de las libertades sociales y en el rescate del patrimonio básico de un ser humano. Emancipar al hombre a través de eso que hoy sólo suena elemental: educarse, vestirse, dormir bajo un techo, tener medicinas y tener doctores al alcance de la mano.

POR PEDRO ÁNGEL PALOU
COLABORADOR
@PEDROPALOU

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