Empatía

Ni somos tan inteligentes como en Twitter, ni tan hermosos como Instagram, ni felices como en Facebook

Pedro Ángel Palou / Heraldo  de México
Pedro Ángel Palou / Heraldo de México

¿Vivimos una crisis empática, un déficit de empatía, como anunciaba el entonces senador Obama en 2004, en una entrevista, en la que reclamaba que debíamos construir una sociedad en la creencia de que eres más parecido a mí que diferente?.

O en años más recientes se ha agudizado ese déficit a causa de la manipulación de las redes sociales que, por un lado, nos han dado permiso y rienda suelta para odiar a los demás. Y, por otro, nos han hecho creer que nuestras vidas individuales son ejemplares. Los adolescentes, por ejemplo, usan esa palabra con desparpajo. Te odio, odio estos tenis, odio ir a clases. El odio, que en mi generación era un sentimiento extremo es ahora moneda corriente.

Susan Lanzoni en su monografía sobre el tema Empaty. A History, nos dice que el término es nuevo y viene de la estética romántica alemana. Antes sentíamos simpatía. Hoy la simpatía es una forma de la compasión que de alguna manera implica cierta condescendencia hacia el otro, pero no lo hermana. Einfüblung, el término alemán que traducimos por empatía y que hoy es universal, se usó primero en estética para hablar de juegos ópticos y de la relación del observador con el cuadro.

Volvamos a las redes. Pensemos en la conversación de sordos que muchas veces representan como dice en Twitter el crítico de arte Daniel Molina: Entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo decir, lo que digo, lo que quieres oír, lo que oyes, lo que crees entender, lo que quieres entender y lo que finalmente entiendes hay nueve posibilidades de no entendernos. Pensemos, por ejemplo, con lo que la propia neurociencia ha comprobado de los llamados tierraplanistas. En Estados Unidos, sólo 76% de la población cree que la tierra es redonda. Los mismos que dudan de ese hecho son, por cierto, los antivacunas. No creen en los hechos, no creen en la ciencia, en el calentamiento global. Son conspiracionistas. Son presas de cualquier hacker ruso, entonces, alimentan las redes con fake news. YouTube es central en el problema. Viendo videos conspiracionistas es que se convencen las personas escépticas de que lo que la ciencia dice es falso.

Hechos alternativos. Esa frase quedó grabada después de la inauguración de Trump. La simple exposición ante falsos datos vuelve a la gente vulnerable y la hace desconfiar de las instituciones y de las evidencias. Entonces regresa a las redes y suelta todo su miedo en forma de rencor y de bilis. Las redes se han vuelto divisivas, no empáticas. A nadie parece importarle el otro. Nadie se preocupa por el otro. Lo insultan, lo denuestan, lo asesinan simbólicamente. ¿Cómo construir así una polis, un ágora pública racional en la que las discusiones y los debates políticos se vuelvan a basar en evidencias? Creo que ésa es la pregunta central de nuestros días. No alimentemos las redes con escepticismo, desconfianza en el futuro, baja autoestima y odio por el otro. ¿Cómo volver a la empatía central cuando lo que prima es la antipatía? Necesitamos, como siempre, volver a la literatura. John Steinbeck en su novela Al Este del Edén lo dijo claramente: Los humanos están atrapados, en sus vidas, en sus pensamientos, en sus ansias y ambiciones, en su avaricia y crueldad, y también en su bondad y generosidad, en una red de bien. … Un hombre, después de que haya quitado el polvo y las astillas de su vida, habrá dejado solo las preguntas difíciles: ¿fue bueno o fue malo? ¿Lo he hecho bien o mal?.

Ni somos tan inteligentes como en Twitter, ni tan hermosos como Instagram, ni tan felices como en nuestro Facebook. Un poco de realidad nos haría más empáticos.

 

@pedropalou

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