Embudos urbanos

Es imposible pensar en bienestar si los ciudadanos no pueden moverse de manera eficiente

Javier García Bejos / Colaborador / Columna Editorial

Para 2030 existirán más de 40 megaciudades, como respuesta al cambio demográfico del mundo: 8.6 mil millones de seres humanos harán de los espacios urbanos centros densamente poblados, en donde los retos de sustentabilidad urbana irán más allá de la vivienda, la basura o el agua, poniendo en un lugar fundamental a la movilidad y al transporte masivo como base de las capacidades de las ciudades para ofertar bienestar y reembolsar tiempo a los ciudadanos.

El nuevo dimensionamiento de las ciudades obliga a repensar los desafíos del urbanismo moderno: la verticalidad de las metrópolis, la eficiencia de las vialidades y el control de las fronteras. Esto implica evitar la generación de cinturones de abandono y miseria que terminan lastimando la estabilidad de las metrópolis.

Las nuevas megaciudades, especialmente en Asia, son ejemplos importantes de los nuevos equilibrios que deben construirse pensando en el futuro.

Particularmente, el transporte masivo es fundamental si queremos generar nodos altamente productivos; los aeropuertos, los trenes de cercanía y largo alcance, el Metro y las nuevas plataformas en red son la columna vertebral del atractivo de las metrópolis modernas.

Es imposible pensar en bienestar si los ciudadanos no pueden moverse de manera eficiente, en términos de costo y tiempo, en lugares en donde más de 20 millones tratan de hacer lo mismo.

En ese sentido, el transporte masivo es herramienta fundamental de inclusión en grandes ciudades, así como de productividad y salud pública.

Se deben reconfigurar los lugares en donde, para ir a trabajar, se tienen que invertir más de cuatro horas diarias en viajes brutalmente ineficientes, en donde la violencia intrafamiliar aumenta y la frustración social arranca desde el momento en que la gente inicia su día fuera del hogar. Las ciudades más grandes de México enfrentan embudos de transporte masivo que se traducen en una disminución directa de los niveles de vida de las personas.

Estos embudos representan una oportunidad para detonar inversiones y empleo, si logramos generar soluciones conectadas por grandes redes de transporte y terminales modales eficientes, que resuelvan la vida de pasajeros y revitalicen las capacidades de los centros urbanos, cuando se redensifican los espacios disponibles en los centros de las grandes ciudades.

La iniciativa del Estado de México para conectar el oriente de la entidad con la capital, y la continuación del tren México-Toluca son pasos en la dirección correcta, pero insuficientes aún, reconociendo el tamaño de la población del centro del país y sus necesidades de viaje cotidiano.

Si hay un tema en el que México tiene que invertir y generar una política pública disruptiva para alentar inversiones de largo plazo, ése es el de la movilidad sustentable. El futuro se trata de ella, y la movilidad no es compatible con los embudos.

POR JAVIER GARCÍA BEJOS
COLABORADOR
@JGARCIABEJOS




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