Elba Esther, estampa del sexenio

La PGR dio el retrato final de un sexenio que cierra en total opacidad

Elba Esther, estampa del sexenio

Elba Esther Gordillo como retrato de un sexenio que no fue. Un sexenio que en algún momento quiso ser distinto, pero quedó atrapado en la inercia del propio sistema que lo parió.

Uno que no sólo no corrigió, sino perfeccionó varios de los males que nuestro país arrastra desde hace décadas.

Uno que construyó altas expectativas en el primer tramo, que logró cascadas de apoyo y casi consenso –en los tiempos del Pacto por México– y que no sólo se desinfló, sino perdió legitimidad y terminó repudiado en las urnas.

Uno que pasará a la historia como el peor evaluado –apenas arañando 20 por ciento de aprobación–, envuelto en escándalos, señalamientos de corrupción y un sinfín de crisis que heredará.

Uno que, incluso antes de concluir, decidió apagar la luz y bajar la cortina.

El caso de la ex lideresa del SNTE, declarada inocente, como botón de muestra de una administración que vive su ocaso y que se irá en su peor momento. Muestra irrefutable de que siempre es posible caer más, fracasar peor.

La libertad decretada a Gordillo, como exhibición de un gobierno que ni en uno de los más emblemáticos casos pudo. Uno que intentó, consiguió el aplauso de la opinión pública y, en la torpeza –¿o complicidad?–, entre sospechosísimo, terminó por tropezar consigo mismo.

Dos fracasos –sume usted los que quiera– acompañarán a Peña Nieto y serán parte de su legado: Ayotzinapa y Elba Esther. Dos asuntos que se recargaron en la misma institución, la PGR. Dos temas donde no podían fallar. Ambos, símbolos de un sistema de procuración de justicia que hace todo menos impartirla.

En los dos casos, se ocupó todo el peso del Estado, todo el poder del gobierno federal. Los dos resultaron fiascos. En el de Ayotzinapa, podrán alegarse –sin razón, me parece– un sinfín de factores que escapan a la esfera de actuación de la actual administración, lo que no podría hacerse en lo que toca a las acusaciones contra Gordillo.

La PGR, utilizada como brazo ejecutor de la Presidencia, detuvo y encarceló a quien controlaba el sindicato más poderoso del país, justo cuando se veía en ella al principal obstáculo para la naciente Reforma Educativa. Una a una se desvanecieron todas las acusaciones. El papelón de una procuraduría que ni siquiera tiene procurador, nos regaló la estampa final de un sexenio que cierra en medio de opacidad y con un potente hedor a pacto en lo oscurito. Por fortuna el caso Gordillopone en evidencia la importancia de una fiscalía autónoma.

OFF THE RECORD

No es que AMLO no quiera reunirse con Ricardo Anaya, es que ni él ni nadie en el PAN pidió el encuentro. El tabasqueño se sentó con Meade porque su secretario particular, Antonio Rojas, nieto de Ifigenia Martínez, solicitó y pactó la reunión. AMLO se reunirá con los secretarios de la Defensa y Marina.

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónBolsa de red: El must del verano

Bolsa de red: El must del verano