Raúl Cortés: El virus de las fake news

Esta situación es cada vez más frecuente, en especial cuando se extiende como la espuma un video en las redes sociales

José Luis Rodríguez Díaz de León / Vicecoordinador del Grupo Parlamentario de Morena en el Congreso de la CDMX
José Luis Rodríguez Díaz de León / Vicecoordinador del Grupo Parlamentario de Morena en el Congreso de la CDMX

La obsesión por el clic de los medios de comunicación ha dejado varios resbalones en los últimos días en torno a la muerte de la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, y su marido el ex gobernador de la misma entidad Rafael Moreno Valle.

Dos casos sonados de precipitación por parte del gremio periodístico se han llevado la palma.

El primero, la difusión de un video que mostraba supuestamente el desplome del helicóptero de Alonso y Moreno Valle, y que resultó ser un material grabado de un accidente en Ucrania en 2014.

El segundo, el anuncio de la falsa detención del líder del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, surgido de un rumor en las redes sociales después de que el gobierno mexicano lanzara una serie de advertencias al dirigente sindical.

El Nieman Journalism Lab, un laboratorio de Harvard que pretende esclarecer el futuro de la prensa en la era digital, contactó recientemente con eminencias en la materia para que predijeran que es lo que nos espera para el 2019 y la especialista Whitney Phillips se posicionó así sobre las fake news: El panorama de los medios está siendo sobrepasado por narrativas tóxicas e informaciones contaminadas no porque nuestros sistemas estén rotos, sino porque nuestros sistemas están funcionando.

Pues bien, venga de donde venga el bulo o paparrucha (como identifica con gracejo a las fake news la Real Academia Española de la Lengua), la ola de denuncias de noticias falsas, en lugar de llenarnos de pesimismo, resulta ser en realidad una demostración de que hay mecanismos de control que aún sirven de contrapeso frente a la tergiversación de la realidad, aun cuando esta proceda de un medio de comunicación.

Y, desgraciadamente, esa situación es cada vez más frecuente, en especial cuando la prensa intenta colgarse del éxito viral (de la palabra virus, el microorganismo causante de enfermedades) de un video de un periodista ciudadano en las redes sociales.

Sucedió la semana pasada, con las imágenes del presunto intento de asfixia a un niño por parte de una maestra de un colegio de la Ciudad de México. Sin consultar antes a la escuela, los diarios reprodujeron el video, grabado desde lejos por unas vecinas que le exigen a gritos a la profesora que suelte al menor.

Después, en una explicación poco replicada por la prensa, la vocera de la escuela aclaró que el niño padece autismo y la presunta agresora es una maestra externa contratada por los padres para atender al pequeño cuando tiene crisis de ansiedad. La escuela retiró a la profesora del plantel pero explicó también que los padres no presentaron cargos contra ella.

Ante la proliferación de noticias falsas, un virus que se sigue extendiendo sin freno en los últimos años, 2019 debe ser más que nunca el año en que la prensa se replantee su papel de valedor de nuestras democracias, a partir de aspectos tan básicos como la verificación, ahora que tantas dudas planean sobre ellas ante el auge de los populismos en todos los rincones del planeta.

Raúl Cortés; analista

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