El valor de las marchas

En Palacio Nacional, lejos de interesarse por escuchar a las voces críticas, han optado por ignorarlas o minimizarlas

Guillermo Lerdo de Tejada
Guillermo Lerdo de Tejada

Los avances y la defensa de nuestro régimen democrático se han logrado no sólo con el trabajo de los llamados políticos profesionales, sino gracias a una ciudadanía dispuesta a expresarse y movilizarse.

El reconocimiento a los primeros triunfos de la oposición; la creación de un sistema electoral independiente del gobierno; la posibilidad de ejercer la crítica libre desde los medios, entre otras conquistas cívicas, fueron posibles por la determinación de muchas personas, de diversas tendencias políticas, que durante años han salido a las calles para visibilizar, legitimar e impulsar estas causas.

Por eso, sorprende que quienes ayer eran oposición y usaron permanentemente los espacios públicos para hacer oír sus demandas, hoy como gobierno desacrediten a los mexicanos que recurren a este mismo mecanismo –de manera pacífica y ordenada–, para demostrar su desacuerdo.

En los últimos meses se han organizado tres marchas ciudadanas opositoras para protestar por una serie de temas, desde la cancelación del NAIM hasta el incremento en la violencia, pasando por el cierre de las estancias infantiles. Sin embargo, en Palacio Nacional lejos de interesarse por escuchar a estas voces críticas, han optado por ignorarlas o minimizarlas.

Con pereza intelectual y cinismo, los voceros del régimen (e incluso algunos funcionarios) han abandonado el análisis en nombre de ataques insustanciales: que ni fueron tantos; que si eran fifís.

Lo cierto es que pocas cosas son más valiosas para mantener la salud de una democracia, como que haya personas dispuestas a salir a la calle para alzar su voz y hacer comunidad con otros ciudadanos. Esto es particularmente importante cuando las redes sociales, si bien valiosas, propician que mucha gente caiga en la apatía del activismo exclusivamente digital.

Por supuesto, estas marchas opositoras están en ciernes y aún tienen muchos retos: faltan liderazgos más claros que las guíen; agendas más concretas que las articulen; mejor comunicación.

Hasta cierto punto, estas fallas indican que son ejercicios ciudadanos genuinos (las marchas perfectamente organizadas suelen tener partidos u otros intereses detrás).

Como sea, estas manifestaciones ya lograron varios objetivos: pasar de la participación on line a la off line; visibilizar a la oposición ciudadana y que el gobierno no tiene respaldo incuestionable; movilizar a personas que nunca antes lo había hecho.

Pese al triunfo electoral de Morena, hay sectores de la población que no se sienten representados y hay cada vez más grupos sociales agraviados.

Por eso, en lugar de ver en estas marchas un nuevo enemigo, el gobierno debería ver una oportunidad para escuchar el sentir de todos los ciudadanos y no sólo de sus incondicionales.

Esto le permitiría mejorar, corregir el rumbo en muchas de sus decisiones, gobernar para todos y cumplir su objetivo de transformar para bien a México.

GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE

DIPUTADO DEL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO @GUILLERMOLERDO

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