El traje que viste AMLO

Está metido en la segunda fase de lo que llamaríamos una acumulación de poder

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

Carlos Salinas había sido, hasta ahora, el presidente más poderoso en varias décadas. Diseñó el gobierno que abrió el país al liberalismo económico, pero no empleó, o al menos no lo hizo a fondo, el instrumento más valioso que le heredaron sus antecesores: todo el poder del presidente, expresado en las leyes y las facultades que le otorgan. Al no emplear ese poder presidencial casi absoluto, Salinas gobernó en alianza con el PAN. ¿Qué tiene que ver esto con el poder que día a día amasa el presidente Andrés Manuel López Obrador?

El 1 de julio de 2018, al arrasaren las elecciones, López Obrador rompió una racha de varios ex presidentes que no lograban ganar la Presidencia y la mayoría en el Congreso.

Esto se tradujo de manera inmediata en un poder político casi total para reformar, como ya hicieron el Presidente, su partido y otros aliados y opositores, distintas leyes y la Constitución para sostener el modelo de país que a cada minuto va definiendo AMLO y decantan-do en frases y anuncios importantes que suelta como quien despierta tarde y dice ¡buenos días! Hace unas horas sucedió, cuando el Presidente anunció que su gobierno impulsará la producción lechera en Tabasco, lo que asustó, como cabeceó un diario, a los productores de Coahuila y Durango, donde está la cuenca lechera más importante del País.

El Presidente está metido de lleno en la segunda fase de lo que podríamos llamar una estrategia de acumulación de poder para impulsar los cambios que, está convencido, el país debe experimentar para dejar atrás la era del neoliberalismo y la gran corrupción política.

¿Es conveniente que el presidente acumule tanto poder? No lo es en ningún país, y menos en uno, como México, un país con alma y espíritu presidencia lista. ¿El presidente está pasando encima de las leyes y la Constitución?

Éste es el conflicto de fondo: desde que asumió el poder el 1 de diciembre del año pasado, el presidente ha tomado decisiones utilizando el marco legal –en muchos aspectos meta legal– que le heredaron los gobiernos del PRI y del PAN, un entramado de leyes elaborado de una manera políticamente artesanal para cumplir un objetivo de fondo: fortalecer las facultades del presidente de la República.

Hoy la oposición se enfrenta a ese muro que en buena medida ella construyó, aprobando las leyes que soportan ahora algunas decisiones controvertidas de López Obrador. Uno de los ejemplos más claros es la controversia sobre el proceso para ocupar las cuatro vacantes de la Comisión Reguladora de Energía. La ley le concede al presidente que si una terna es rechazada por el Poder Legislativo, podrá enviar una segunda, y si también es desechada, podrá nombrar a quien desee.

La oposición dijo que se trata de una burla de López Obrador. Suena efectista, pero en realidad la burla es que las mayorías legislativas del PRI y del PAN aprobaran leyes totalmente entregadas al presidente.

Éste es el traje que hoy porta y explota AMLO.

 

 

Por WILBET TORRE

@WILBERTTORRE

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