El talón de Aquiles de AMLO

El desgaste de la figura presidencial comienza a ser evidente, y peor aún, la percepción de un gobierno desarticulado e incapaz

 Martha Gutiérrez/ Columnas El Heraldo de México
Martha Gutiérrez/ Columnas El Heraldo de México

Los graves errores de comunicación por lo sucedido en Culiacán, que culminaron con la liberación de Ovidio Guzmán, tienen al Presidente en el peor momento de su encargo: al centro de una confrontación con los medios de comunicación; se deslegitima públicamente por las contradicciones en materia de seguridad; pierde orden, coherencia y gobernabilidad por los desmentidos que ha tenido que pronunciar; todo esto crea una percepción de ineptitud, que lo puede poner frente a lo que más rechaza, parecerse al exmandatario Enrique Peña Nieto.

El desgaste de la figura presidencial comienza a ser evidente, y peor aún, la percepción de un gobierno desarticulado, incapaz, y debilitado ante el crimen organizado es ya innegable.

El Presidente insiste en atender personalmente un tema de estrategia, planeación y escrupulosa atención obedeciendo a la intuición y bajo el principio de confianza absoluta a sus subordinados. Magro error, y ya está pagando las consecuencias.

Su oficina de Comunicación, que al inicio de la crisis debió tomar el control total de la comunicación sobre la operación Guzmán para: 1) recabar información, 2) establecer un orden y línea de tiempo, 3) definir vocero, canales de comunicación y formas para hacer del conocimiento público lo sucedido y las acciones realizadas por el Estado para recuperar el orden, pero sobre todo proteger a la población civil y acotar los vacíos de información. Nada hizo, por el contrario, se paraliza y desentiende del asunto.

Por si no fuera suficiente, se sumaron las precipitadas y erradas declaraciones de Alfonso Durazo, con las consecuencias que ya conocemos.

La improvisación, falta de operación y vacíos de información fueron ocupados por una avalancha de videos mostrando militares y criminales disparando por las calles de Culiacán y una población aterrorizada tratando de protegerse sin saber lo que estaba sucediendo, comentarios y versiones de todo tipo inundaron las redes, con una conclusión inaceptable para un gobierno: la pérdida de control sobre su territorio e instituciones.

En un intento desesperado por recomponer las cosas, en la mañanera dejaron que el titular del Ejecutivo encabezara el minuto a minuto, y en vivo y a todo color planeara, operara, ejecutara y explicara el asunto en lo particular, mientras su gabinete como siempre, se escondía detrás de AMLO.

Al ver los negativos resultados, era necesario implementar un control de daños, proteger al Presidente, lamentablemente su equipo sólo se limitó a censurar, castigar, acusar y responsabilizar al pasado.

El evidente desconocimiento de Jesús Ramírez de su cargo ha puesto al presidente López Obrador en la misma situación que Eduardo Sánchez, su antecesor, puso al presidente Peña Nieto, provocando el desprestigio que precipitó la caída de su gobierno.

POR MARTHA GUTIÉRREZ
@MARTHAGTZ

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